lorenagonzalezopina

Una parada en el camino

El miedo y la casa del lago

He tardado en volver a escribir y no porque tuviese cosas mejores que hacer, sino todo lo contrario. Pero antes tenía que tomar la decisión más importante: hacerlo pensando en que nadie me iba a leer. Ni siquiera mi padre, al que además intento mantener lejos cuando me da por emborronar. Además, uno cuando lee textos en primera persona deduce que se trata de una cuestión autobiográfico, aunque algunos jueguen a la ambigüedad, y eso a él le preocuparía…

Tengo miedo, no a que me juzgues. Tengo miedo, por ejemplo, a no saber explicarte qué me atormenta. ¿Ves? Utilizo el yo yo yo y sin embargo aquí estás tú, estamos todos. Quizás lo único que nos diferencia es cuánto nos delimita. El que mejor midió el tiempo, el profanado Borges, decía que siempre nos encontramos en el medio, como esclavos, entre el pasado y el futuro. Pero es ahí, en ese margen impersonal donde flotamos.

Tengo miedo a lo de antes, por si deseo que vuelva y no consigo hacerlo. Me asusta el día en el que mi hijo me pregunte qué fue lo mejor que hice con o en mi vida. Entretanto, no soy madre, porque a veces pienso que mi cuerpo no se merece que lo castigue y deforme durante 9 meses, mis tetas se caigan todavía más y aumente esta retención de líquidos, que después lleva a las mujeres a desnudarse con la luz apagada. Eso yo no lo quiero. Tampoco mi hijo se merece una madre como yo, a veces incapaz de amar diez horas seguidas. Seguro que le reñiría por jugar a juegos absurdos, por llorar cuando le dejo solo y por no saber cocinarle como las mamás de sus amiguitos. Detesto cocinar un filete, un huevo, un plato de lentejas. Así, de uno en uno… Siempre pienso que los mediodías en casa y la nevera es el mejor reflejo de mi vida entera, o de cualquier soltero, y este fin de semana sólo quedaba la cerveza que empecé el jueves. De repente otros días me da por creer que sería la mejor mamá del mundo. Con muchos bebés descalzos corriendo por el jardín, de los que aprenden pronto a escribir y antes a leer. Niños de buen comer, que sonrían mucho y se conformen con poco. Imagino cómo serían sus caras y regresa el miedo, el mismo que me genera pensar que mis santos padres pueden sentirlo por mí. No entiendo por qué cuanto más independiente soy, más necesito, al menos, su aprobación. Sus buenos ojos frente a los míos, inconformistas y tristes. Ya lo sé, me da miedo que ellos me teman y un día tenga que darles la razón. Como el ‘te vas a caer, hija mía’, y va y te la pegas.

Así que entre esta nebulosa que ni tuya ni mía, ando yo, espantada por esas ilusiones que no espantan. Es como un estado de congelación al despertar, empieza en el dedo gordo del pie y sube hasta mis manos quietas, mientras la cabeza sigue girando y queriendo saltar. Tengo miedo a que nada me dé miedo, que de repente el mundo se detenga y yo con él. Que esta intensidad que me incita, me conmueve, me pone y me empuja, ya no me dé vuelta. Me da miedo que pase el tiempo y no me encuentre donde quiero estar, como si este temblor no me llevase allí donde quiero ir. También tengo pánico a preferir a Jodorowsky antes que a Bukowski. Eso me asusta mucho, casi tanto como el quiero y no puedo, aunque eso más bien me da repugnancia. Es la cobardía del cinismo, del mediocre quejoso que vive muerto. No es que uno pueda conseguir todo lo que quiere, como prometen los ensayos baratos de autoayuda. Si fuera así, yo estaría ahora escribiéndote desde una casa frente a un lago, que sería mía, y que pagaría gracias a los que compran mis libros. Pero no lo estoy porque los ahorros no me alcanzan para un fin de semana en la Sierra de Madrid, ni quiero abandonar la intimidad de mi piso compartido, ni tengo talento para que me lean. Menos aún para que paguen por ello. Al final hay ‘no quieros’ para todo y ‘te quieros’ para nada.

Otra cosa que me asusta es extrañar todo eso que cada mañana me gustaría mandar lejos. Pero en verdad lo que me da terror son los que nos quieren robar los sueños: los que temen perder un trabajo, al qué dirán, a decir No a quien todos dicen Sí, al querer volver de donde te fuiste… Así que a los que creen que romper ataduras significa insensatez, les mandaría muchos abrazos. Y para los que perseguir una ilusión es tan sólo precipitarse al fracaso, les regalaría un pedazo de vida. Porque ellos, los que te llaman loco y te retienen, son sólo esclavos de su propia cordura. Y de su miedo. Pero por suerte el miedo está hecho para valientes, no para los que se detienen, viendo pasar su vida estando más pendientes de la tuya. La mía sueña con la casa del lago. Lástima que no sepa escribir.

LIBERTADORES DE SANGRE

La Copa Libertadores no es tan sólo el reinado de Independiente de Avellaneda en sus vitrinas; ni el sueño xeneize por ver a Boca otra vez campeón con Bianchi; tampoco la hegemonía de los equipos brasileños en los últimos años, ni el intercambio de viajes y culturas por los estadios latinoamericanos. Es mucho más que eso y mucho peor.

Cada vez son menos las páginas que ocupa La Copa de los mejores de América en los diarios europeos. Desgraciadamente sólo cuando algunos descerebrados deciden acompañar a sus equipos y protagonizar penosos incidentes con sus homólogos rivales, leemos lo de Libertadores junto a “heridos, detenidos y muertos” como si de una crónica en Siria se tratara.

El pasado jueves 21 de febrero, durante el partido entre el San José boliviano y el Corinthians brasileño en la ciudad andina de Oruro, Kevin Douglas Beltrán, de 14 años fallecía después de que un petardo impactara en su ojo. El artefacto fue supuestamente lanzado por hinchas del equipo visitante mientras celebraban el gol. Los propios aficionados del Timeo entregarán a los menores de edad responsables de la desgracia, que generó una fuerte reacción del gobierno boliviano y fue condenada por el ex presidente de Brasil, Lula da Silva.

Entierro del joven boliviano Kevin Douglas Beltrán

Entierro del joven boliviano Kevin Douglas Beltrán

El partido ha supuesto una sanción por parte de la CONMEBOL que impedirá que Corinthians dispute la competición con el apoyo de los suyos tanto en su feudo como a domicilio.

PALIZAS EN EL PEÑAROL- VÉLEZ SIN DETENIDOS

Dos detenidos, siete heridos y destrozos en el estadio Centenario y sus alrededores. Ese es el saldo de los incidentes registrados entre seguidores del uruguayo Peñarol y el argentino Vélez Sarsfield tras el partido que disputaron en la Copa Libertadores.

Durante el partido, los hinchas de ambos equipos comenzaron a lanzarse proyectiles y butacas. Curiosamente, en el lugar más conflictivo de la grada no había policías. Tras culminar el partido, algunos de esos hinchas de Vélez rompieron los vidrios de algunos y hubo balazos de goma en las inmediaciones del estadio. Pese a los graves incidentes que se produjeron dentro y fuera del estadio, la policía sólo detuvo a dos personas, pero en la previa del partido, no por los altercados producidos dentro del estadio charrúa. Se trataba de un hincha de Peñarol menor de edad, que habría agredido a oficiales de Policía, y un argentino, que sería liberado pocas horas después.

Hincha de Vélez en el estadio Centenario, Uruguay

Hincha de Vélez en el estadio Centenario, Uruguay

Poco importó el tanto de Pratto para los argentinos, único destello de fútbol que quedó en el olímpico estadio Centenario.

TIGRE: ASESINATO CON LA MISMA CAMISETA

Exigir, revender y beneficiarse de entradas es uno de los negocios más rentables para los radicales de los equipos que disputan la Libertadores. Esta vez fue el principal motivo de disputa entre la propia barra de Tigre, entre las facciones de “La 13″ y “Los de Pacheco”, que acabó esta semana con la vida de uno de sus integrantes.

Esta semana fallecía Adrián Alejandro Velázquez, de 40 años, tras sufrir un impacto de bala en la arteria femoral. Velázquez había resultado herido mientras esperaba el autobús que le conduciría al estadio Monumental, donde ese día su equipo se enfrentaba a River Plate. La justicia, que sigue investigando las relaciones políticas que mantiene la barra brava, ha imputado a dos hinchas. Se trata del líder de la barra brava de Tigre, Daniel Paz, alias el ‘Negro Fiorucci’ y de su mano derecha Abel Lavigna.

El diputado argentino Eduardo Santín ya había denunciado la presencia de barrabravas de Tigre en los incidentes producidos durante una de sus convenciones celebradas en diciembre, aludiendo que el líder de la barra de Tigre fue uno de los principales partícipes de las palizas que dieron a varios de los jóvenes allí congregados.

La amistad interesada entre políticos y barras bravas no es ninguna novedad. Que esta vez es la mágica y añeja Libertadores la que sale malparada, tampoco. Que las muertes más absurdas son las que rodean a un campo de fútbol, menos.

Algunos sueños porteños

“La gorda siempre quiso ir a Europa” decía Mario Turano, o así pude leer que se llamaba en la placa de su licencia. La oscuridad se mezclaba con la lluvia en las lunas del auto. Sólo funcionaba uno de los limpiaparabrisas, Mario prefería manejar sin cinturón y había decorado su taxi con fotos de “la gorda” y de su hijo.

Las luces que se cruzaban a contramano me permitieron ver sus ojos. Eran chiquitos, no muy lindos, pero brillaban mucho. Podrían iluminar toda la avenida Santa Fe. Y si además hablaba de ella, una dulce humedad en sus retinas se confundía con los semáforos. “Le prometí a mi hijo que con la plata del juicio, recorreríamos España, Italia,… Uuuuh no sabés cuántas veces hablábamos de eso. Pero justo cayó enferma y una negligencia médica me la quitó. De un día para otro, ¿vos te imaginás lo que es eso? Entrar al living y que no esté, así, de a una… 40 años tenía la gorda. Mi hijo sale con los amigos, está de novio, la pasa bien. Pero yo la extraño cada día más”.

Apenas 25 pesos de carrera y ya supe de su dolor, ese que se clava en el alma y el tiempo no cura. Parecía que desde aquel 20 de marzo del 89 el tiempo no pasaba más para Mario. Se detuvo, le arrancaron su pedazo… “Al menos no ve lo que pasa en la Argentina. Esta Cristina nos está llevando para la mierda. Siempre discutíamos, ella me decía que el peronismo iba a traer malas consecuencias hasta para los nietos. Era más inteligente que yo, se recibió en abogacía; yo trabajé de periodista mucho tiempo pero me cagaba de hambre. Después compré este taxi y, la verdad, no me puedo quejar”. Asiente, mientras los dos observamos a esa gente que como soldaditos salen a la calle cuando se va el sol y buscan entre los tachos de basura algo que comer en el día. Es cierto, Mario no se queja porque eso ya lo hace medio país. Todas las mañanas tiene que cambiar su ruta porque las protestas cortan las calles de Buenos Aires: “Entiendo a los chicos que llevan encerrados un mes en los colegios. Mi hijo terminó la carrera con la mejor nota, pero ahora volvieron a cambiar todo y ya no le sirve lo que estudió, tiene que cursar tres años más. Nada se arregla, cada año se paran las clases y se suben los sueldos de los maestros, pero nada se cambia… Así funciona acá”. Me sigue costando entender la dificultad que hay en Argentina para estudiar, la poca validez que después tienen sus licenciaturas en el exterior, etc. Me cuesta porque estoy en un país invadido por libros y afán creador. Pero el poder sabe que trabando la educación del pueblo, evita amenazas. “Así que menos mal, porque la gorda era terrible cuando se calentaba!”. Se ríe. Reconozco que me estremece cuando habla en pasado del amor de su vida.

Ella, Laura, se reencarnará en ese sueño europeo, en senderos de la Toscana visitando a los primos, en Madrid hay algún tío que aun vive: “nos escribimos cartas, al viejo le hace ilusión y eso que nunca nos vimos. Estuvimos a punto de viajar en el 2000 pero se vino el Corralito y nos cagaron. ¿Y los alemanes? Son tan bravos como dicen?”. Es momento de tirar de tópicos y de paso explicarle que los españoles trabajamos algo más relajados que los peones de Merkel. “Acá no importa nada, pero bueeee… Ya voy a ir a conocer”, me responde a modo de promesa. Sí, Mario se lo prometió, era el sueño de los dos y lo cumplirá. La llevará consigo, como me lleva a mí en su taxi.

No fueron 5 horas con Mario, apenas 20 minutos. Pero suficientes para no olvidar una mirada de amante ilusionado en unos ojos tan tristes. Antes de bajarme y pagar (por este orden), me advierte: “Tenga cuidado señorita, a los argentinos les gusta mucho las españolas pero acá por un celular te pueden matar”.

 

CON EL BOULEVARD DE LOS SUEÑOS ROTOS

Mi recuerdo a Chavela Vargas, por hacer de la fuerza la ternura… 

Sólo un día desde que te fuiste y ya se extraña a la dama de voz quebrada y canciones desgarradas. Se extraña a la diosa indígena que cantó con un rincón del alma. Un rincón lleno de naturaleza y pura vida costarricense, donde nació, pero con la angustia reconciliada que le provocaba su México, con esa relación de amor y odio que sólo los grandes amantes entienden. Después se dejó el corazón en Madrid, donde recibió la admiración de los más admirados. Nunca se olvidó de las calles de Buenos Aires y cantó a todos esos lugares del universo a los que ella, con sus brazos abiertos, sólo podía llegar. Decía Almodóvar en la presentación que le hizo en el Teatro Bellas Artes mexicano, donde le negaron su actuación durante años, que cuando Chavela abría los brazos no había escenario que la sostuviera. Yo me pregunto si ahora, cuando mire con esos ojos pequeños y añejos en el cielo, alguien podrá soportar el peso de su presencia. Porque Chavela lo llenaba todo, no sólo su gabán rojo que ahora sólo es un espectro vacío y triste. Llenaba cada palabra, aunque fuera una monosílaba, y cada silencio se clavaba en el pecho, como cuando Macorina suplicaba “ponme la mano aquí…”.

Chavela Vargas (1919- 2012)

Chavela creía que algún día se eternizaría en forma de lluvia. Una gota de agua, una lágrima, como esas cosas simples que devora el tiempo…. Pero el tiempo no te devorará a ti, Chavela. Aquí se queda el espíritu de la gata valiente. Porque todavía existen los novios que desean que todas las noches sean noches de boda y la amargura es menos amargura si la cantas tú. Y el corazón, sin duda, nunca pasa de moda. Pero ahora que todavía tu aroma sigue en este mundo raro, se siente esa soledad que dejas… “Los arroyos están secos, en las calles hay mil ecos que te gritan sin cesar”….
Cuando te cuenten que el llanto por tu partida llegó a ser ‘trending topic’, te reirás al comprobar que al final sí pasaron los años hasta el último trago. Pero tranquila, yo tampoco aprendí nada… Seguimos cayendo en los mismos errores… otra vez volvemos a brindar con extraños y a llorar por los mismos dolores… A mí ahora me duele el acto desvergonzado de artistas apoderándose de tus canciones, como si cualquiera pudiera cantarle a la vida y al amor incondicional como tú sabes. Como si alguien pudiera cantar llorando, decía Sabina…

Aún confusa, mezclo verbos en pasado y en presente para hablar de ti. Incluso armo frases con pedazos de tus letras. Será porque mientras escribo, suena tu melodía dolorosa y unos angelitos negros a los que nunca nadie cantó como quisiste, te vienen a buscar para que les pintes en el cielo.

Buen viaje, maestra, ojalá te vaya bonito…

 En el último trago

DE FÚTBOL Y SUEÑOS

Corría junio de 1978. Videla sembraba el miedo, teñía el cielo albiceleste de rojo sangre, arruinaba a las empresas, hacía llorar a señoras con pañuelos y culminaba con un desastre económico del que no se ha vuelto a reponer el pueblo argentino.
Pero entre esos sindicalistas asesinados, profesores detenidos, estudiantes con libros quemados y ojos hinchados, artistas exiliados, voces calladas y melenas cortadas, rodaba un balón… En cada vereda siempre un niño con zapatillas rotas golpeaba la pelota. Colgarla en un árbol le podía resultar casi tan trágico como una paliza a su papá. Alguien se la rescataba, recuperaba la sonrisa y seguía jugando hasta que la abuela le avisaba de que ya estaba lista su milanesa con papas. Mientras cenaba, veía a la Argentina jugar el Mundial del que, cómo no, era anfitriona. Ni la visita sorpresa de unos coches verdes en casa interrumpían los goles de Kempes. El nene lloraba de emoción después de ganar la final a los holandeses, como todos los argentinos. Lo que no sabía era que muchos derramaban lágrimas de dolor. Pero no importaba, en aquél momento todos festejaban lo mismo, podían gritar después de mucho silencio y salir a la calle sin temor a no volver a casa.
Durante 25 días todos los argentinos se olvidaron de la dictadura para alentar a la selección. Videla lo consiguió.

Hace apenas dos años, nosotros también ganábamos a los holandeses y 47 millones de gargantas se rasgaban con el gol de Iniesta. Mismo unísono, mismo júbilo. Y este domingo ‘La Roja’ arranca la Eurocopa precisamente contra Italia, quien consiguió cambiar el destino de España y creerse que podía pasar a cuartos. Después nos acostumbramos a pasar a semifinales, e incluso a ganar finales. Encima jugando bonito, con un equipo formado por unos futbolistas que despiertan las pasiones de jóvenes y no tan jóvenes. Casillas es nada más y nada menos, que el guardián de los sueños españoles, mientras que el debate Torres- Negredo- Llorente empaña las noticias de rescates bancarios. Durante este mes la adaptación de Jordi Alba y de Juanfran llenará tantos titulares como la de Linde al Banco de España. El buen rollo entre Piqué y Sergio Ramos representará el abrazo de catalanes y andaluces, y el estado de forma de Xavi sembrará más dudas que el 20% de paro. La lesión de David Villa duele como Bankia. Otros preferirán hacer como Sergio Busquets: no saber y no querer saber qué es la prima de riesgo. 489 suena más a goles conseguidos.

Esta vez de lo que se trata es de jugar a ser la mejor selección de la historia. Así que cuando lo único que triunfa en un país es el fútbol, no hay duda de que de aquí a principios de julio no habrá despidos, ni recortes, ni embargos, ni desahucios, ni indignados. Es el mes del ensueño, del que tocará despertar, pero para eso aún queda mucho. Ahora levantar esa Eurocopa es sinónimo de la evasión más absoluta. Y la más dulce.

A soñar se ha dicho…

DANIEL ZAMUDIO: LA SODOMÍA DEL SIGLO XXI

Daniel ZamudioDaniel Zamudio es la última víctima mortal que figura en los medios a causa de la homofobia que aún escuece en muchos de nosotros. Daniel era un joven chileno, de 24 años, homosexual. El pasado 3 de marzo recibió una brutal paliza por parte de unos neonazis, que tras golpearle brutalmente, cortarle una oreja, sellarle con una botella la cruz esvástica en su espalda y dejarle en coma durante varios días en un hospital, fallecía en las últimas horas. Ahora, de nuevo se reabre el debate en Chile, en el que aseguran que el 42% de los homosexuales reconocen haber sufrido ataques homófobos. Otros hablarán hasta de la herencia de Pinochet, de racismo indigenista (todavía hay muchos que creen que un chileno es un indígena no evolucionado) o de casos aislados neonazis.

Para tratar de buscar respuestas, prefiero no centrarme únicamente en Chile, por cierto: una sociedad avanzada, educada y que muchos de nosotros, los españolitos, deberíamos aprender de cómo un país puede reinventarse después una dictadura no tan lejana, de cómo los chilenos se han sabido sobreponer a las dificultades económicas, geográficas y sociales a lo largo de su historia. Y de cómo no hace falta invertir tanto en gastos militares para mantener a un país en paz y demasiado poco corrupto para lo que podría ser en su contexto.

En muchos países, crecen las libertades pero aumenta la homofobia. España no se libra, aunque fuésemos pioneros en la legalización del matrimonio homosexual y los gays formen parte de la vida pública e incluso política de este país. Sin embargo, según un estudio del Ministerio de Sanidad del gobierno español de 2010, hay todavía un 15% de personas en España que opinan que la homosexualidad es ‘una enfermedad’. Por otro lado, según el estudio, hay además un 17% de mujeres y un 23% de hombres en España que están ‘poco o nada de acuerdo’ con que la homosexualidad sea ‘respetable’. Incluso, la homofobia es especialmente grave contra los homosexuales extranjeros llegados a España en busca de aceptación, sobre todo desde Latinoamérica, en cuyo caso se une la xenofobia y el racismo.

Estadísticas aparte,  hace un tiempo, recuerdo, me encontraba en una sala con jóvenes balcánicos que trataban de aprender español. En uno de los ejercicios que propuse, bromeé con un tema en el que mencionaba a un homosexual. Los rostros de esos jóvenes, que apenas rozaban la mayoría de edad, cambiaron radicalmente. Mostraron efusivamente su malestar al insinuar que alguno de ellos podría sentirse atraído por su compañero. Se sintieron gravemente ofendidos, y se inició un debate de lo más candente. La mayoría defendía que los homosexuales son personas enfermas, algunos entendían y no estaban en desacuerdo con que los gays sufrieran insultos y abusos físicos, que jamás tendrían un amigo gay y que renunciarían a su hijo si reconociera su homosexualidad. Salí de allí preocupada. Como lo estoy hoy.

Surgió, cómo no, el tema de la religión en una sala plagada de protestantes. Yo jamás hubiese tratado de entender la homosexualidad a partir de una religión. Ni considero nunca que un gay sea sinónimo de promiscuidad subida en una carroza de colores. Y recordé aquello de “Una mentira contada mil veces, se acaba convirtiendo en una verdad”.

Volví a acordarme de ése episodio cuando en octubre del año pasado leía los duros enfrentamientos que se dieron en Belgrado, entre la policía serbia y los grupos radicales homófobos durante una manifestación por los derechos de los homosexuales en Serbia. Se saldaron con casi 250 arrestados, gran parte menores de edad. En aquél momento, La Unión Europea manifestó su preocupación por lo que considera “una falta elemental” de tolerancia de los derechos de las minorías en Serbia y la “ineficiencia” del Estado en la prevención de esta tendencia.

Lo que más me llama la atención es que estoy segura de que la gran mayoría ni sigue cualquiera de sus dogmas religiosos tan a rajatabla ni tiene influencias de discípulos de Freud. Sin embargo, esos chicos defendían con uñas y dientes esa personalidad perversa, enferma e inferior del homosexual. Uno de esos discípulos freudianos, Alfred Adler, recogía en su ensayo “El problema de la Homosexualidad” (1917) ese concepto de inferioridad: “La homosexualidad se manifiesta como un intento de compensación fallido en los sujetos que tienen un evidente complejo de inferioridad”. Podríamos hacer memoria y remontarnos al krausismo, pero suena pedante y prefiero quedarme en este 28 de marzo de 2012. En este siglo, en el que a veces la doctrina católica nos confunde cuando mantiene el sexo sólo como un hecho procreador, al resto como una actitud pecaminosa y a los homosexuales  como ‘desviados con carencias afectivas’.

Y yo, que pensaba que nos habíamos olvidado de lo despectivo que sonaban “los violetas” en época franquista; de la homosexualidad en época Romana, donde importaba más quién resultaba ser pasivo y quién activo en esa lucha de poder, quedaba obsoleta en cualquier libro viejo… y que Montaigne vivía también entre la perversión y lo depravado cuando contaba las estrechas amistades de la alta sociedad de entonces. Y al final, hemos pasado de la homosexualidad como la elegancia snobista a las patadas salvajes que se llevó Daniel Zamudio.

El carro de Bielsa

Este post está dedicado a todos los que se suben al carro de Bielsa, como nueva tendencia cool futbolística de este país, y que no tardarán en bajarse en cuanto los resultados no acompañen en la Catedral. No importa, la idea del Loco permanecerá, y se le recordará por cambiar la idiosincrasia de un equipo hasta ahora admirado por su filosofía pero no tanto por su juego y atrevimiento. Bielsa ya cambió algo. Y ahora sueñan hasta en el Teatro de los sueños… porque el fútbol, como dice Don Marcelo, no son matemáticas. Y yo prefiero un método, una idea, que el despilfarro que dejará Mourinho cuando deje de estar en el Real Madrid.

Bielsa sabía dónde venía. Seguramente le ‘chupaba un huevo’ los intentos del presidente Josu Urrutia para convencerle. A él le convenció la estructura pequeña, hermética, ordenada y talentosa del Athletic. El día que pisó Lezama supongo que sentiría la satisfacción que uno tiene cuando tus sospechas se delatan.

Este post va dedicado también a los que recurren fácilmente a “Bielsa nunca ganó nada”. Bielsa quedó eliminado con Argentina a las primeras de cambio en el Mundial de Corea, cierto. Pero todo lo demás es rotundamente falso. Además, no me vale de nada el éxito en la albiceleste cuando lo más paradójico siempre acaba ocurriendo en esa selección. De todas formas, incluso de aquélla eliminación prematura y decepcionante, Bielsa sacó muchas ganancias. No todo es inmediato, a veces las mejores cosas requieren de un tiempito de cocción para que salgan bien ricas. Claro que ganó, que vayan a preguntar a Rosario… Allí pronto entendió que le iba a ir mejor de entrenador que de futbolista. Unos cuantos partidos en primera le valieron para dirigirse a Jorge Griffa y mostrarle su intención, y así fue. En 1990, con 34 años (siendo el entrenador de primera más joven de Argentina), se hizo cargo de un humilde Newell’s a punto del descenso. Logró hacerle campeón, imponiéndose al todopoderoso River Plate.

Pero repito, como ni para mí ni para él el futbol son matemáticas, lo mejor de aquel equipo era el grupo joven y prometedor que se la empezó a creer a base de disciplina, pese a la media de edad. La línea defensiva estaba formada por Fernando Gamboa (20 años), Mauricio Pochettino (19), Eduardo Berizzo (21) y Darío Franco (21). Después estaban Julio César Saldaña (23), Fabián Garfagnoli (21), Cristian Ruffini (19), entre los más jóvenes. Se trajo también a un joven Batistuta, que él mismo reconoció que Bielsa le enseñó lo que era el fútbol cuando “era algo que no me tomaba en serio”. De hecho, años antes, el técnico argentino se dedicó a recorrer 30.000 kilómetros por el país argento en busca de jóvenes promesas. Puso un gran circulito rojo en el lugar en el que encontró a un tal Gabriel Omar Batistuta.
En el Apertura ’91, el equipo finalizó antepenúltimo y se pensó que el ciclo del “Loco” había acabado. Pero no fue así. En 1992 el equipo resurgió más fuerte que nunca y acabó jugando la final de la Libertadores.

En 1998 salió campeón con Vélez y poco después llegaría por primera vez a nuestro fútbol. El Espanyol no fue un fracaso en la carrera de Bielsa, más que nada porque no tuvo tiempo y porque no le dejaron. Nada más aterrizar en el Espanyol, la ansiada oferta de la Selección de Argentina llegó a Barcelona. En el contrato con la entidad ‘perica’ figuraba que si esa oferta llegaba, Bielsa podría dejar el club, pero no se cumplió. Llegaron a un acuerdo y Bielsa se comprometió a continuar en el Espanyol hasta diciembre. Con más derrotas que victorias, Marcelo puso rumbo a Argentina ya en septiembre. Pero le dio tiempo a hacer algo que pocos recuerdan. Por aquél entonces, el Espanyol debía jugar la Intertoto y Bielsa decidió que fuese el Espanyol B de Paco Flores quien la disputara. Bielsa sabía que era la mejor forma de forjar la que en mi opinión, fue la mejor saga de jugadores que sacó el Espanyol de los últimos 15 años: Capdevila, Sergio González, De Lucas, Tamudo, etc. En aquella etapa también tuvo tiempo a fichar a Martín Posse, y a convertir a Iván Helguera en central. Ahora el Espanyol sorprende gratamente con su juego y resultados de la mano de Mauricio Pochettino, quien fuera jugador y aprendiz de Bielsa. Su vecino y ‘colega’, Pep Guardiola no dudó en viajar a Argentina para compartir un asado de 11 horas con Bielsa. En ese asado se soñó con convertir al FCBarcelona en el mejor equipo del mundo.

Después llegaría su amada selección argentina, que le partió el corazón y definió radicalmente el carácter del actual Marcelo Bielsa. En el 2001 se clasifica para el Mundial de Corea, la gran pesadilla de nuestro protagonista. Criticado hasta la saciedad por a veces considerar a Hernán Crespo y a Batistuta incompatibles en el once, la Argentina de Bielsa cayó eliminada en la primera ronda al empatar contra Suecia. Tuvo una pequeña revancha con el oro en las Olimpiadas de Atenas 2004, pero de poco sirvió. Bielsa cayó entonces en el ostracismo, se aisló durante 3 años en el campo a las afueras de Rosario y poco se supo de él durante su autoexilio. He ahí cuando Marcelo entendió la utilidad del fracaso, mayor que la del éxito. Antes, dejó esta frase:Acepto que soy el responsable, pero no soy un inútil. Le sirvió, como todo: “Los momentos de mi vida en los que yo he crecido tienen que ver con los fracasos; los momentos de mi vida en los que yo he empeorado, tienen que ver con el éxito. El éxito es deformante, relaja, engaña, nos vuelve peor, nos ayuda a enamorarnos excesivamente de nosotros mismos; el fracaso es todo lo contrario, es formativo, nos vuelve sólidos, nos acerca a las convicciones, nos vuelve coherentes. Si bien competimos para ganar, y trabajo de lo que trabajo porque quiero ganar cuanto compito, si no distinguiera qué es lo realmente formativo y qué es secundario, me estaría equivocando.”

Es entonces cuando Chile le rescata, el combinado que por entonces acariciaba los peores lugares del ranking mundial. Tras encerrarse en una pequeña habitación, alejado de su mujer Laura y sus dos hijas, su primer partido oficial como seleccionador chileno fue, por caprichos de la vida, contra Argentina en el Monumental de River. Ganó la albiceleste, un equipo que estaba aún empapado del juego implantado por Bielsa. Ese en el que atacan y defienden los 11. Ese que no espera la contra, en el que todos están en continuo movimiento, obligados a ganar independientemente de quién sea el rival. Me gusta especialmente su idea de ataque, cuando asegura que al fin y al cabo defender se reduce a 5 ó 6 pautas, pero que el fútbol ofensivo es infinito y requiere talento. Eso es lo difícil entonces: atacar. En Chile lo hizo y logró que se volviera a tener en cuenta el fútbol andino. Les clasificó para el Mundial, y durante la clasificación ganó a Argentina en Santiago de Chile, por cierto. Empezó la ‘Bielsamanía’, eso que tanto  incomoda a un tipo tímido, raro, solitario, receloso. A un loco lindo…

Entre otras cosas, consiguió implantar mano dura en una selección que se había visto envuelta en algún que otro escándalo extradeportivo. Convirtió las instalaciones de Juan Pinto Durán en un auténtico búnquer, fruto de la obsesión por la intimidad y a que le espíen. Se disculpó a su manera con la prensa diciendo que era “una lástima para profesiones ajenas pero que protege la propia”. Una conversación privada con Alexis Sánchez durante un entrenamiento que no tardó en salir a la luz, le dio la razón. Sólo se dejó ver cuando el terremoto acechó al país del que se estaba enamorando y apoyó sonadamente a las víctimas. El camino al Mundial fue viento en popa, pero en Sudáfrica perdió con España y luego en octavos con Brasil. ¿Fracaso? No. Bielsa, siempre fiel a sus principios, cumplió con la promesa de no continuar en  el cargo de seleccionador si el español Segovia se convertía en nuevo presidente de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional de Chile (ANFP), en detrimento de Harold Mayne-Nicholls, mentor de Bielsa en la selección chilena (Algo así como si Astiazarán, Miguel Ángel Villar, Sandro Rosell y Roures se fusionaran y fuesen a dirigir la RFEF). Bielsa renunció y aún en Chile le lloran.

Más que demostrado está que nada de lo que hace Bielsa es en balde.  Su carácter obsesivo no le permite dejar ningún cabo suelto. No  es de extrañar que antes de firmar con el Athletic viera y revisara los vídeos de la temporada pasada una y otra vez, y se atrincherara en un hotel para armar una base de datos que sólo un loco puede reunir. Bielsa es consciente además de la importancia del grupo homogéneo, lo vivió en sus propias carnes como jugador, cuando en 1976 formó parte de una selección argentina que obtuvo la medalla de bronce en el Preolímpico con un equipo formado íntegramente por jugadores de Newell’s.

Un entrenador no es mejor por sus resultados ni por su estilo, modelo o identidad. Lo que tiene valor es la hondura del proyecto, los argumentos que lo sostienen, el desarrollo de la idea. No hay que juzgar la idea, sino el sustento”. Con eso me quedo yo y medio Bilbao, el resto supongo que atribuirá esta cita a un empalagoso discurso, un ‘chamullo’ argentino. A un afán por seguir alimentando al personaje de loco, y no digo que no, porque lo está. Por el fútbol, porque como dice él “Piensa en fútbol, habla en fútbol, lee en fútbol…” . Bielsa tiene asumido además que aburre a ‘cualquiera’, sobre todo en las ruedas de prensa, cuando sus respuestas pueden rozar los cinco minutos y los periodistas allí congregados empiezan a despejar la sala antes de tiempo. La relación que mantiene con la prensa forma parte de otro capítulo.
Portada diario argentino Olé tras eliminar al ManchesterCansado y temeroso de que se tergiversen sus palabras y trabuquen su imagen, hace tiempo decidió no conceder entrevistas a ningún periodista: ‘¿Por qué le voy a dar una entrevista a un tipo poderoso y se la voy a negar a un pequeño reportero de provincias? ¿Por qué voy a acudir a una emisora líder cada vez que me llame y en cambio jamás a una pequeña radio del interior? ¿Cuál es el criterio para hacer una cosa así? ¿Mi propio interés? Eso es ventajismo’. Ventajismo también los que ahora alaban a Bielsa y su “método”, la mayoría sin saber cuál es. Y a los que insisten en que no ha ganado nada, por lo menos vean al Athletic jugar. Pocos creían a principio de temporada en que pudiesen ganar la Europa League, así que si lo logran, los de las modas volverán a subirse al carro Bielsa. Hasta en Argentina se andan subiendo y piden perdón…

Para los de la mala memoria, acérquense al estadio rosarino que lleva su nombre. Por allí sigue resonando el cántico “Que de la mano del Loco Bielsa, la vuelta vamos a dar”, con un Bielsa a hombros, inmerso en la locura, agitando la camiseta de los ‘leprosos’, al grito de NEWELL’S CARAJO.

Sí, don Marcelo, el tiempo le va a dar la razón…

Muriendo en el camino

El tren sin destino de Argentina sigue sin tener parada. Va sin frenos desde que el ex presidente Perón privatizara el ferrocarril allá por los años 40, y su discípulo Menem continuara con su legado de seguir vendiendo el país. Desde entonces, un esqueleto con forma de vías representa la muerte agónica que vive el país argento.

El tren de la cordura, de la prudencia, y de la seguridad en Argentina ya se escaparon. Kirchner prometió hacerlo, pero murieron él y su intención. Mientras Buenos Aires llora, demasiadas subvenciones se reparten entre amigos, sin ningún tipo de control ni de mejora de la que fuera la infraestructura ferroviaria más admirada de Sudamérica. Porque hubo un momento en el que los argentinos llegaban a la estación porteña de Retiro orgullosos, tranquilos.

Accidente en la estación de Once, Buenos Aires

Pero ahora el tren de Sarmiento es sólo un símbolo, un espejismo macabro de lo que pretenden los políticos argentinos de cara a la galería: la incompetencia e ineptitud de los que quieren llegar primero. El resto, se la juega cada día viajando entre vagones, pasando frío en invierno y asfixiándose en verano. La mayoría para llegar a sus lugares de estudio o de trabajo,  dignas intenciones que cualquier día pueden convertirse en tragedia… Ése día saldrá en los periódicos, no en todos, y en los hospitales el número de víctimas mortales crecerá. Como el tren del olvido argentino, que ya no hay quien lo pare.

Señores políticos, dejen de hablar de Maradona y las Malvinas, hay mucho que hacer…

‘¡PHOTO, PHOTO!’, por Alicia Moreno

Os invito a leer una interesante reflexión sobre el arte de fotografiar y una cuestión ética que sólo personas como Alicia Moreno saben inmortalizar. Esta vez lo hace desde el África Sub Sahariana y lo comparte aquí:

Al instante se forman en mi mente imágenes de fuerza comparable a los ritmos del Djembé: la luz infinita que todo lo abarca, la intensidad de los colores de los vestidos llevados por sus mujeres y los turbantes y “boubous” de los Tuareg, las eternas sonrisas de los niños y las miradas profundas de sus habitantes.

Viajo a África Sub Sahariana por primera vez y peco de inocencia… Viajo de nuevo con mi cámara fotográfica y llena de expectativas en cuanto al despliegue de mi pasión artística que trato de convertir en profesión y dispuesta a intentar materializar en forma de fotografía las imágenes preconcebidas antes y durante el viaje ¿Intentando emular en cierta forma el trabajo de lo que otros ya hicieron?

Imágenes cliché: mujeres aventando mijo o llevando sobre sus cabezas palancanas que contienen mil y un productos, misteriosos tuaregs cabalgando a los lomos de camellos sobre las dunas del desierto al atardecer, el amalgama de almas vagando y rebuscando en los coloridos y bulliciosos mercados malienses. Las quiero todas.
Pero en África, uno tiene que llegar con la mente muy abierta y no esperar demasiadas recompensas si se viaja con ideas preconcebidas. Es mejor desterrarlas todas.

He sido testigo de las dificultades sobre el terreno al intentar fotografiar, tanto durante el festival en el desierto del Sáhara como en el resto del territorio.

Y en numerosas ocasiones me he topado con la misma situación. La población de la calle es, en general, reacia a las cámaras fotográficas y de vídeo. Y digo en general, siendo consciente de que su aversión viene producida por numerosos factores de diversa índole. Resulta difícil desenvainar el “arma” de la controversia sin que a uno le pidan “dinero a cambio de mi retrato”.Si se quiere fotografiar al tuareg de turno o a la anciana de arrugas arcaicas vendiendo extrañas mercancías en el mercado, uno obtendrá una reprimenda del sujeto si osa robar la fotografía e irse sin pagar sin más. Y la mayor parte de las veces les doy la razón. Tengo por norma, pedir permiso a la persona que quiero fotografiar, crear un vínculo y entablar un ambiente de confianza entre mi sujeto y yo, desde una posición de respeto. Interactuar, intercambiar, profundizar. optimizar estos, a menudo, breves encuentros e intentar plasmar la esencia que aquella persona me ha transmitido. No poseo la rapidez de muchos fotógrafos a la hora de disparar sin ser visto. De “robarles” la imagen. Actuar como un carterista. Entro en una posición de bloqueo, éticamente no lo concibo. Si bien es cierto, que en determinadas ocasiones, esta es una virtud a poseer cuando se quieren captar instantáneas en las que sabemos que si pedimos permiso con antelación, el sujeto sabrá que le estás apuntando y cambiará radicalmente de actitud, perdiendo ese instante preciado que sólo el ojo del fotógrafo ve. Y es que cualquier profesional de la imagen desearía en cantidad de ocasiones ser totalmente invisible.

La expansión de la actividad turística a nivel mundial junto con el abaratamiento de la industria fotográfica de la era digital está dando lugar a una mercantilización de lo que el turista cree como “lo auténtico” o “lo típico” y en fotografía “lo natural” del lugar que visitamos. Y por ende, de sus habitantes. Viajamos y volvemos a casa cargados con millares de fotografías, de las que la mayoría tan siquiera nos molestamos en mirar. Observo, a veces, con frustración, estos turistas-fotógrafos o fotógrafos-turistas disparando indiscriminadamente a todo lo que es objeto de su atención. Observo, aún con más frustración, la actitud del sujeto ante este fenómeno. En África el ingenio es oro, cada fotografía tiene su precio “Si tu ne paies pas, dégage, va t’en”. 

Jóven integrante del grupo tradicional Touareg “Tamnana”

Jóven integrante del grupo tradicional Touareg “Tamnana”

Tomo este retrato de esta joven tuareg procedente del grupo Tamnaná, sentada sobre las dunas detrás del escenario esperando el momento de actuar. Ella ya ha posado ante una mujer canadiense la cual no ha parado de fotografiar indiscriminadamente todos y cada uno de sus integrantes, los cuales llaman la atención a cualquier occidental que pasa por ahí. Llevan puestos sus mejores y fastuosos trajes para la ocasión que junto con la belleza de sus rostros les convierten en una maravilla visual Voilà! ¡La photo! Realmente, es de las peores fotografías que he podido tomar. La expresión de su rostro es de una frialdad que hiela. ¿Quizás ya fastidiada de que la asediemos con nuestras cámaras? Aún así, ella no pidió nada a cambio. No me sentí bien tomando esta imagen. Está tan estereotipada. No existe un vínculo entre ella y yo que pueda ser transmitido al espectador de la misma, más que frialdad. O quizás sí, el hastío.

Entramos en el País Dogón, tierra sagrada habitada por el fascinante y enigmático pueblo dogón y naturalmente delimitada por uno de los accidentes geográficos más salvajes del continente, la Falla de Bandiagara. Es aquí dónde empiezo a comprender los efectos de la llamada “aculturación”. Los dogones, pueblo animista del que se cree que huyó del oeste del país para evitar el Islam y que conserva intacto su complejo sistema de tradiciones, ritos y mitología desde hace siglos, sucumben a los estragos del turismo. Inútil transmitir la rítmica tan famosa con la que he fantaseado durante días. El proceso se repite y los dogones, celosos de su cultura no se dejarán “violar” tan fácilmente.

De nuevo mis inquietudes salen a flote y me es imposible fotografiar. Los pocas intentonas en acercarme a sus habitantes para mostrarles que soy una persona inocente que no viene a “prostituirles”, son en vano. Tarde o temprano el mercantilismo hará su aparición y si quiero fotografiar tendré que pagar con dinero. La poderosa danza tradicional de máscaras es el “servicio” más codiciado. ¿Dónde hallar la esencia de estas personas, aquello tan preciado que llamamos “naturalidad”, “lo auténtico”? ¿Cómo captarlo, plasmarlo y desarrollar tu trabajo? ¿Es la fotografía comprada una imagen contaminada que mina el valor de la cultura local al ser sustituida la realidad por manifestaciones pseudoteatrales? ¿Hasta que punto el fotógrafo traspasa el límite y atropella la dignidad del local? Depende del enfoque, la mirada, la intención del profesional y de la interpretación que dará el espectador. Tengo la certeza de que durante las cientos de bellas imágenes que extasían nuestros sentidos, sus autores no se han hecho estas preguntas.

Tras mi viaje, converso con el fotógrafo español Alexis de Vilar, gran conocedor de África y sus habitantes, pues durante décadas ha recorrido el continente madre y gran parte del mundo fotografiando culturas lejanas para salvar a estos pueblos mal llamados “primitivos” del avance de la sociedad industrial. Alexis me enseña la diferencia existencial entre el hecho de “abonar” justamente después de tomar la instantánea, lo que se consideraría como una prostitución, un exhibicionismo innecesario por parte del local y negociar mucho antes con el sujeto lo que él considera justo para involucrarse artísticamente en la fotografía.

Y ya que vamos a “representar” la realidad es ahora cuando entiendo la disimilitud entre presentar a los sujetos de mi fotografía desde un punto de vista exhibicionista y vulgar, como si se tratasen de animales de zoo, o de convertirles en los actores protagonistas de su propia realidad.

Aquella que quiero revitalizar, de mostrar la importancia de su propio mundo.

Ali Moreno

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Fútbol y Religión: convivencia o desavenencia

Sthephen Tomkins, autor del libro Una breve historia de la Cristiandad, escribió “Estamos abandonando las iglesias por los campos de fútbol. Los jugadores son dioses; las gradas, los bancos de los templos. El fútbol es la nueva religión”. ¿Y qué pasa cuando fútbol y religión confluyen? ¿Conviven o malviven?
Aunque esta reflexión puede aplicarse a cualquier disciplina deportiva, por mayoría nos centraremos en el fútbol, más concretamente, en Brasil. Y he aquí cuando nos acordamos de LOS ATLETAS DE CRISTO.

Los Atletas de Cristo es un movimiento integrado por deportistas que reconocen a Jesús Cristo como hijo de Dios. Entre sus objetivos, proclamar el Evangelio, hacer del atleta un discípulo y obedecer las órdenes de Cristo. Afirman tres creencias básicas: la Trinidad, la Salvación sólo por la fe en Cristo y la infalibilidad bíblica. Presidido por el exfutbolista y ahora técnico auxiliar de la selección de Brasil, Jorginho, en sus manifiestos alegan que no son un una religión, ni una secta ni tienen ningún tipo de interés político. Prefieren el lema “Aquilo que você é falta tao alto que náo posso ouvrir o que você diz”.

Hace poco más de 30 años, fue fundada por el portero Joao Leite y el delantero Baltazar. Cuando arrancaban, se decía que los deportistas cometían pecados porque muchos trabajaban los domingos, y se movían en un ambiente desfavorable y promiscuo. Ahora hay incluso clubes de fútbol que invocan la fe en el terreno de juego, como el Club social y deportivo Cristiano Hosanna, de Chile, y el Atlético M.E.D.E. A Club, de la provincia argentina de Córdoba. Llama la atención que la hinchada de estos equipos entonan cánticos cristianos durante los partidos, no insultan al árbitro ni a los rivales, y saltan al campo sabiendo que van a dar todo por Él. Sus futbolistas no pueden trasnochar ni ir en contra de la doctrina de la Iglesia. No se les obliga a ir a Misa, pero se intenta que lo hagan. Los Atletas de Cristo aglutinan a un colectivo de más de 7000 profesionales del deporte, organizados en pequeños grupos locales y difunden sus ideas y actuaciones a través de un periódico mensual.

Atletas de Cristo es fuente de inspiración para grandes estrellas del fútbol, como Kaká, Zé Roberto, Cicinho, Silvinho o Edmilson. También para los míticos Taffarel, Bebeto, y un largo etcétera. Vemos que la mayoría son brasileños, pues es en su país  donde más arraigo tiene la organización evangélica. Además, según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística, el 93% de las personas en Brasil están comprometidas de una forma u otra con el deporte. Muchos de esos futbolistas citados reconocieron que, durante los mundiales, leen juntos la Biblia, rezan y van a misa. Cada vez son más los que juegan en Europa y continúan con su faceta evangelizadora a sus compañeros de equipo del Viejo Continente. Precisamente el que fuera portero de Brasil durante muchos años, recordaba la final del Mundial de Fútbol de 1994, en Estados Unidos, que ganaron, según él gracias a su fe en Dios: “Después de 52 partidos, tres millones de entradas vendidas y cuatro años de preparación, el desenlace final dependía de dos personas: Baggio y yo, Cuando la pelota pasó por encima del palo, la única cosa que me pareció justa fue dar gracias a Dios. Él merecía esa victoria. Al fin y al cabo, ni Baggio metió el gol, ni yo paré el tiro”. Su compatriota Ze María, exjugador del Inter de Milán, fue más allá: “Ese último tiro fue la demostración que de estábamos en la parte buena… Baggio era budista y Taffarel era un atleta de Cristo”.

También conmovedor resulta el testimonio de Kaká, jugador del Real Madrid, que reconoció que su pertenencia a los Atletas de Cristo se dio a raíz de sufrir un accidente en una piscina, y que estuvo a punto de dejarle en una silla de ruedas: “Me rompí la sexta vértebra, pero vi la mano de Dios”. Kaká protagonizó y produjo él mismo el documental Este é o ritmo do meu jog (Este es el ritmo de mi juego), donde el brasileño reflexiona sobre la vida y la religión “Dios tiene un propósito para la vida de cada uno de nosotros. Creo que el de la mía es llevar el nombre de Jesucristo al mundo por medio del fútbol”.

Los Atletas de Cristo y la sociedad Bíblica lanzaron, el pasado mes de junio, la Biblia del Deporte. Entre los testimonios recogidos, se encuentra el de exjugadores de fútbol como el citado Jorginho, Fabio, Lucio (capitán de la selección de Brasil en el pasado Mundial de Sudáfrica), Falcon (mejor jugador del mundo de fútbol sala), o atletas como el paralímpico Daniel Dias, que consiguió 8 medallas en los últimos Juegos Olímpicos de China. El fin es seguir con la evangelización del deporte de cara al Mundial 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016 en Río de Janeiro.

Pero este ‘fenómeno’ no se da únicamente en Brasil, cada vez son más las nacionalidades de profesionales del deporte los que practican el Evangelio. Es el caso el paraguayo Tomás Guzmán, que también llevó su fe a Italia, país de otro futbolista miembro de los Atletas de Cristo, el actual jugador del Catania Nicola Legrottaglie. Según Guzmán, el defensa italiano resurgió futbolísticamente de su crisis en la Juventus gracias a que comenzó su andadura evangélica.

Caso curioso es el de José Edmilson, el que fuera futbolista del F.C. Barcelon. Hijo de una familia humilde de Sao Paolo, que trabajaba recogiendo naranjas de una plantación, reconoció que durante su adolescencia bebía mucho, frecuentaba malas compañías y cayó en las drogas. Uno de sus compañeros del modesto equipo donde militaba por entonces, le habló de la palabra de Cristo y le introdujo en los Atletas de Cristo. Desde entonces, asegura que el fútbol y la religión le cambiaron la vida. Compartió vestuario con los mejores, y triunfó en Europa. Con el Barça ganó dos Ligas y la Champions de la época de Ronaldinho y Eto’o, además de un Mundial con su selección.

Carlos Roa, Biblia en mano

Carlos Roa, Biblia en mano

Muchos recordarán también al arquero argentino Carlos Roa, que antepuso su religión al fútbol en el momento cumbre de su carrera. Tras iniciarse en Racing de Avellaneda y pasar por Lanús, se hizo con la titularidad indiscutible en la portería del Mallorca y de la Selección Argentina. En 1999 obtuvo el trofeo Zamora al ser el portero menos goleado de la Liga Española. No tardaron en preguntar por él los mejores clubes del mundo, como el Manchester United. Sin embargo, Roa tenía otro plan: convertirse en sacerdote de su religión, la Iglesia Adventista del Séptimo Día. No le importó el dinero ni el prestigio internacional. El argentino, que seguía jugando con el 1.3 a la espalda y no con el 13, ya que para él el 1 y el 3 eran los números de Jesús y de la Santísima Trinidad, retornó poco después al fútbol profesional. Pero con la condición de que no disputaría encuentros los sábados, el día del descanso y de la oración para los Adventistas. Nunca más volvió a ser el mismo bajo palos. Prolongó su carrera hasta los 37 años, aunque entre medias tuvo que hacer un parón para recuperarse de un cáncer testicular.

Aunque todas las intenciones de estos deportistas nacen sin ánimo de lucro y no pretenden predicar valores negativos, sí pueden verse inmersos en polémicas a la hora de saber manejar sus hábitos y estar siempre al máximo nivel deportivo. La relación entre el fútbol y la fe han creado numerosas tensiones en Brasil en los últimos meses.

Emerson Leao, ex porterto de la selección brasileña y actual entrenador del Sao Paulo ha sido uno de los que ha puesto el grito en el cielo. Se queja de que algunos líderes religiosos pueden influir aún más que los propios técnicos y dirigentes de los clubes. En una entrevista concedida al diario Folha de Sao Paulo, Leao contaba “Ya dirigí un equipo que, de veinte jugadores, dieciséis eran de una comunidad cristiana evangélica. Uno hablaba aquí y el pastor cambiaba allá. Dije: ‘Presidente, vamos a actuar’. Y él respondió: ‘Pero Leao, entonces nos vamos a quedar sin jugadores”. Leao cree que la presencia evangélica ha adquirido un peso excesivo en el país con más católicos del planeta.

También se manifestó al respecto uno de los periodistas más reconocidos de Brasil, Juca Kfouri: “No es nuevo, pero recientemente ha llegado a un punto de exageración”. Recuerda la ola de críticas que recibió por haber denunciado en 2009 lo que a su juicio fue un “proselitismo religioso” de los jugadores de la selección nacional al ganar la Copa de Confederaciones en Sudáfrica. En aquella ocasión Kaká, que en esa ocasión se quitó la camiseta para mostrar la que vestía debajo con el lema “Yo pertenezco a Jesús”, dijo tiempo después de que Kfouri es ateo y que lo perseguía por ser creyente. A partir de aquella Copa de Confederaciones, la FIFA prohibió las manifestaciones religiosas durante los partidos de fútbol, pese a que todavía no se han registrado episodios de violencia en un partido de fútbol causado por un símbolo religioso. ¿Qué pasaría si un jugador se santigua antes de saltar al terreno de juego, y alguien del público se molesta? Juzgar que el problema no está en el jugador, sino en el espectador, que con su actitud demuestra una gran intolerancia, resultaría una situación un tanto compleja. ¿Hay que perseguir al ciudadano que manifiesta su opinión o al intolerante? La cuestión más bien está en castigar al violento, sea creyente o no.

Conjeturas aparte, según el periodista Kfouri, “los futbolistas se reúnen para orar en la concentración y quien no participa es mal visto: quieren forzar a todo el mundo a tener la misma religión”. Está cansado de escuchar a jugadores decir que erraron un penalti por mandato divino y porque en el futuro, Dios les va a reservar cosas mejores… Otros, como Antonio Jorge Gonçalves, profesor de la Universidad Federal de Río de Janeiro, no ve aspectos negativos a la cuestión, sino que “permite a los futbolistas pertenecer a una red social donde unos se ayudan a otros, ser vistos por los clubes como profesionales más disciplinados e incluso canalizar tensiones”.

Es posible que no desvincular ni un sólo momento su faceta religiosa a su profesión haga que pierdan su capacidad de crítica y de competición. O que algún deportista pueda verse apartado del resto por no predicar con la mayoría. Hacer caso omiso a las instrucciones de su entrenador no es algo que suceda de forma aislada, sino que son cada vez más los que dejan que sea Jesucristo el que dictamine sus acciones y no tanto su esfuerzo por mejorar su rendimiento. Un exceso de afán evangelizador se extiende en Sudamérica y Europa. Sólo el tiempo y el sentido común darán respuesta a la compatibilidad del deporte profesional con la práctica acérrima de la religión.

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