Una parada en el camino

Una parada en el camino

Archivos mensuales: abril 2011

Próxima presentación del libro de Yoanni Sánchez: Un blog para hablar del mundo

Por aquí dejo el artículo del que se hace eco hoy Solidaridad con Cuba. La próxima presentación del libro de Yoanni Sánchez es sobre todo, un ápice de esperanza por la libertad de expresión en la isla.

El próximo 5 de mayo se presentará en España el libro WordPress. Un blog para hablar al mundo (Anaya, Madrid, 2011), donde Yoani Sánchez cuenta su historia como bloguera y reflexiona sobre la naturaleza de ese trabajo.

Con prólogos de Esperanza Aguirre Gil de Biedma, presidenta de la Comunidad de Madrid, y de José Luis Orihuela, autor del blog eCuaderno.com, Sánchez incluye comentarios personales, que podrían ser algunas de las entradas de su blog, entre uno y otro capítulo técnico.

Los capítulos abren con fotografías de Orlando Luis Pardo Lazo. Y entre los ejemplos de blogs y sitios web cuyas imágenes aparecen a lo largo del libro están: Sin Evasión, Penúltimos Días, Octavo Cerco, The Huffington Post, eCuaderno.com, elmundo.es y la sección de blogs de The New York Times.

El libro, cuyo título va acompañado por el cintillo “Crea tu blog con Yoani Sánchez”, explica paso a paso cada uno de los problemas a los que se enfrentan los blogueros.

Según Esperanza Aguirre, gobernadora de la región de Madrid, el texto de Yoani Sánchez, “escrito desde su personal y apasionante experiencia”, es mucho más que un manual al uso.

“Es un vibrante manifiesto de amor a la libertad y de compromiso sin fisura con los derechos humanos y los valores de la democracia y el pluralismo”, escribió la política española.

Sánchez asegura que WordPress. Un blog para hablar al mundo es “como el plano de un tesoro, hecho por una aventurera expedicionaria en la red”.

La bloguera, premio Premio Ortega y Gasset 2008 de Periodismo Digital, asegura que Generación Y es “lo más arriesgado” que ha hecho en sus “tres décadas de vida”.

“Después de comenzar a escribir en mi bitácora, me tiemblan a menudo las rodillas. Para evitar endiosamientos y futuras crucifixiones, aclaro en una de las páginas de mi blog que éste es un ejercicio personal de cobardía para decir en la red todo aquello que no me atrevo a expresar en la vida real”, añade.

Algunos de los capítulos del libro se titulan “Publicar la primera entrada o el terror a la pantalla en blanco”, “Aprender a convivir con los comentaristas, los trolls y otras criaturas del ciberespacio” y “Posts sin imágenes, pájaros sin alas”.

Desde ya el libro puede considerarse un triunfo para Sánchez, cuyo trabajo como bloguera se ve usualmente torpedeado por el régimen de La Habana. Que sea ella precisamente la autora de un manual sobre el tema, es un ejemplo para quienes se enfrentan a problemas similares en cualquier parte del mundo.

Cosas de héroes…

Ante GotovinaHace apenas unos días, el ex general croata Ante Gotovina fue condenado a 24 años de prisión por crímenes de guerra por los ataques contra los serbios en Krajina, durante el verano de 1995. En un proceso que ha durado 303 días y se han aportado más de 4.800 pruebas inculpatorias, Gotovina se declaró siempre inocente.

 Junto a él fueron juzgados los generales Mladen Markac e Ivan Cermak (18 años de prisión para el primero y absuelto el segundo…), acusados de la matanza  conocida como Operación Tormenta, con la que consiguieron recuperar Krajina en tan sólo 4 días, una región croata en la que los serbios habían proclamado un estado independiente. En abril de 1991, los serbios de Croacia iniciaron serios movimientos hacia la secesión y la República Serbia de Krajina fue autoproclamada, lo que fue visto por el Gobierno croata como una rebelión. He aquí el comienzo de la Guerra Croata de Independencia.

Según el Tribunal de la Haya durante esta Operación Tormenta se produjeron numerosas violaciones de derechos humanos, como homocidios, traslados forzosos y expulsiones. Alrededor de 150 civiles murieron y unas 200.000 personas fueron deportadas. Hubo además saqueos e incendios en las aldeas habitadas por serbios. La sentencia también tuvo en cuenta la indefensión de las víctimas y en algunos casos se habla de casi 2000 muertos.


La primera ministra croata, Jadranka Kosor, y el presidente, Ivo Josipovic, lamentaron la condena de los dos generales y han anunciado recientemente que recurrirán la sentencia: “Puesto que el consejo judicial de primera instancia determinó que la dirección estatal croata actuó en un ‘acto criminal’ conjunto, contraria al derecho internacional y las convenciones de la ONU, tengo que decir que esto para el Gobierno de Croacia es inaceptable”. Por su parte, el presidente llegó a alegar que “ambos han defendido que la ofensiva de la Krajina fue legal y legítima”, y que “Croacia se defendía de una agresión dirigida desde Belgrado”. Varios representantes del gobierno croata han llamado en las últimas semanas a los ciudadanos y a los veteranos de guerra a “mantener la dignidad y la responsabilidad”. Todo sea por un héroe…

El juicio fue seguido en Croacia a través de numerosas pantallas gigantes en Zagreb y en otros muchos puntos del país, conectando en directo con la señal de La Haya. Dos días después incluso, se celebró una manifestación en la capital croata de antiguos combatientes en apoyo a sus héroes… Así les calificaba en una de sus portadas el diario croata Vecernji List, junto a la foto de Gotovina: “HÉROE”. Al fin y al cabo, es visto como un libertador en su tierra, pero la verdad es que permitió el asesinato, persecución y deportación de civiles en la ofensiva croata para expulsar a las fuerzas serbias de Krejina. Mientras, en Pakostane, la ciudad donde vivió Gotovina, permanece una gran foto del ex general al que muchos todavía consideran un símbolo contra la agresión serbia. Un héroe.

Juzgar a Gotovina no ha sido cómodo para nadie. De hecho, cuando en 2001 fue reclamado por el TPIY (Tribunal Penal Internacional de Yugoslavia), sus seguidores le ayudaron a escapar. Se comentó que alguien de los servicios secretos croatas dio un chivatazo… Se llegó a decir también que había podido estar oculto en un monasterio de Croacia… Así que no fue hasta 2005 cuando le detuvieron mientras cenaba plácidamente en un hotel de Tenerife, isla por la que sentía gran predilección. También la tuvo por África, donde estuvo de legionario, y por América Latina, donde se le atribuye una condena por robo e intimidación. Un héroe.

Radovan Karadzic

Las reticencias de las autoridades croatas para entregarle paralizaron la candidatura de Zagreb en la Unión Europea. Lo mismo está ocurriendo ahora en Serbia, a la que la UE sigue reclamando la entrega del general serbio bosnio Ratko Mladic. Acusado de genocidio por la muerte en 1995 de 8000 varones musulmanes en Srebenica, su jefe político, Radovan Karadzic, está siendo juzgado en La Haya, sede de la TPIY. Karadzic calificó de “mito” esas 8000 muertes… En su intento de “desmontar la acusación de limpieza étnica de croatas y musulmanes”, que le atribuye la fiscalía, Karadzic acusó a la OTAN: “La población civil fue retenida y atemorizada por la Alianza Atlántica. Demostraré que esos generales de la comunidad internacional eran reacios a participar en los bombardeos. No querían involucrarse, pero todo acabó en una guerra contra nosotros”, y concluyó diciendo que la causa serbia fue “justa y sagrada”. Por cierto, que al héroe Karadzic también se le imputa el asedio de Sarajevo.

Casualidades temporales (y espaciales), el juicio contra Karadzic se reanuda una semana después de que Serbia haya pedido perdón por no haber podido evitar la matanza de Srebenica. Sin embargo, el ex líder político de los serbios de Bosnia nunca ha mostrado el más mínimo arrepentimiento, mientras que Ratko Mladic, cabeza pensante y firmante de todas aquellas atrocidades, sigue en libertad…

Mucho camino les queda a algunas mentes heroicas si quieren convencer de que están más cerca de la Unión Europea que de aquella maldita guerra. Todo sea por evitar que lo que se construyó con odio y sangre, no vuelva a latir con fuerza. Unos y otros son hoy día, un hervidero con hambre de justicia y armonía.

 

Muerte de dos periodistas en Libia. Chris y Tim: en tierra de nadie

Ayer por la tarde, sucedía lo previsible en Misrata (Libia)…. Y lo predecible cuando aún quedan personas que quieren estar para contar la verdad, captar la imagen del día o enviar una crónica a sus medios como si de una necesidad vital y no profesional les conmoviera a hacerlo.

Tim Hetherington

A veces cuando escuchamos o leemos lo que nos cuentan algunos corresponsales en zona de conflicto, nos limitamos a informarnos y a digerir, que no es poco, pero rara vez somos capaces de  imaginarnos a ese profesional escribiendo en su bloc de notas, narrando o fotografiando in situ. Eso mismo sucedió ayer cuando la Cadena COPE conectaba con su enviada especial a Libia, Beatriz Mesa. En el momento de la retransmisión, sus dos acompañantes  fueron tiroteados y asesinados. Ella consiguió huir.

Seguramente hoy, mientras Beatriz viajaba en barco hasta Bengassi acompañada de los cuerpos sin vida de sus amigos, ha narrado entre suspiros y voz quebrada la crónica que nunca querría haber narrado. Esos cuerpos pertenecían a Tim Hetherington, periodista británico que colaboraba con la revista Vanity Fair, y al estadounidense Chris Hondros, que trabajaba para la agencia Getty Images, ambos de 41 años.

Chis Hondros

Ni Beatriz, ni Chris, ni Tim ni ninguno de los periodistas heridos en las últimas horas en Libia son soñadores irresponsables, ni mucho menos inexpertos en meterese en la boca del loco, como lo es Misrata ahora mismo: el principal enclave rebelde al oeste del país y que Gadafi amenaza con convertir en ‘bola de fuego’ si aparecen por allí miembros de la OTAN. Y ahí es donde encontraron el infierno Chris y Tim. El otro herido grave es el británico Guy Martin, de 28 años, fotógrafo freelance que trabaja para la agencia Panos, y que ha sido operado esta tarde para atajar una hemorragia causada por metralla. Michael Brown, cámara de la agencia Corbis, también fue alcanzado por el fuego de mortero, pero tuvo más suerte y no presenta heridas de gravedad.

Hetherington, que produjo la película “Restrepo”, por la que fue nominado a un premio Óscar de la Academia de Cine de Hollywood, era veterano de otros conflictos armados como el de Afganistán, sobre el que se basó en dicho documental. Hondros llegó a ser finalista de los prestigiosos premios de periodismo Pulitzer, además de recibir la medalla de oro Robert Capa, del Overseas Press Club, por su trabajo en Irak. Hondros cubrió también los episodios violentos de Kosovo, Angola, Sierra Leona, Líbano, Afganistán, Cachemira, los territorios ocupados palestinos y Liberia, y sus trabajos también han aparecido y ocupado portadas de revistas como Newsweek y The Economist, así como de periódicos como The New York Times, The Washington Post y Los Angeles Times.

El colmo llega cuando Musa Ibrahim, portavoz del régimen de Gadafi, deseó hoy una pronta recuperación a los dos periodistas heridos y añadió: “Estamos muy tristes por la pérdida de toda vida humana, incluso del lado de los rebeldes (…) No es responsabilidad de nuestro Ejército. Pedimos a todos los periodistas que no confíen en estos rebeldes y no estar junto a ellos. Si quieren hacer reportajes, pueden pedir un visado para entrar legalmente en el país”. El portavoz señaló que Libia se encuentra en “tiempos de guerra” y que hay “riesgos para la seguridad” de los periodistas. El acceso a las zonas de conflicto “no puede ser libre y total” añadió. “Los rebeldes no están entrenados para proteger a los periodistas”.

Ni los rebeldes ni nadie sobre la faz de la tierra. De hecho, el Comité para Protección de Periodistas (CPJ)  ha registrado más de 80 ataques a la prensa desde que comenzó el conflicto libio en el mes de febrero. Chris y Tim, vendidos en tierra de nadie, no eran ni mucho menos novatos o tipos imprudentes. Sólo valientes. Eran profesionales que trabajaban en situaciones límite que sólo los héroes son capaces de lidiar.

Las últimas fotografías de Chris Hondros publicadas por El País

Fotogalería con el trabajo de Tim Hetherington en el valle de Kunar, Afganistán, publicado en EL PAÍS SEMANAL el pasado mes de septiembre

¿Quién es Thomas Lubanga?

Esta es la “carta de presentación” que escribió Sheila Vélez sobre el rebelde congoleño Thomas Lubanga en Periodismo Humano , medio para el que colabora.  Utilizo el artículo para introduciros en las Crónicas del Juicio de Thomas Lubanga, que escribe la susodicha para la Corte Penal Internacional desde hace más de dos años. Desde aquí me gustaría animaros a hacer un seguimiento especial a este caso, conocer un poco más a Sheila y el trabajo de la CPI, sobre todo con criminales de guerra. Este es el enlace al blog de Sheila, una tipa brillante en todos los sentidos (http://sheilavelez.wordpress.com). Para saber un poco más sobre ella, podéis leer la entrevista que le hizo El Pais.

 

26.03.2010 Sheila Vélez, Corte Penal Internacional (La Haya)

El 26 de enero de 2009 comenzó el juicio en la Corte Penal Internacional contra el líder de la Unión de Patriotas Congoleños (UPC), Thomas Lubanga Dyilo, acusado de alistar y reclutar niños soldados para participar activamente en las hostilidades. El segundo juicio contra los señores de la guerra Germain Katanga y Mathieu Ngudjolo Chui comenzó el 24 de noviembre de 2009. Ambos rebeldes, líderes de las milicias Fuerza de Resistencia Patriótica en Ituri (FRPI) y Frente de Nacionalistas e Integracionistas (FNI) respectivamente, están acusados de cometer crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad en el ataque perpetrado de manera conjunta contra la población de Bogoro, en Ituri, en febrero de 2003. El caso se enmarca en el conflicto interétnico que asoló la región de Ituri entre 2002 y 2003, y el que se vieron inmersos diferentes grupos rebeldes y fuerzas gubernamentales.

Uno de los niños soldado de la organización de Thomas Lubanga en una manifestación escoltada en junio de 2003 (AP/Karel Prinsloo)

Sin embargo, hasta llegar aquí habían pasado casi cinco años. En abril de 2004, el gobierno congoleño remitió formalmente la situación a la Corte Penal InternacionaI, solicitando al Fiscal investigar si se habían perpetrado, en cualquier parte de su territorio de RDC, crímenes de competencia de la Corte desde la entrada en vigor del Estatuto de Roma el 1 de julio de 2002. El 23 de junio de 2004, el Fiscal abrió investigaciones en la región oriental de Ituri, siendo la primera investigación que la CPI iniciaba desde su constitución. Hasta la fecha, la CPI ha dictado cuatro órdenes de arresto y ha iniciado procedimientos contra tres líderes rebeldes.

A finales de los años noventa, Ituri, una región de la República Democrática del Congo rica en oro, petróleo, coltan y diamantes, se convertía en el frente de batalla de milicias rebeldes, fuerzas del gobierno y potencias extranjeras que luchaban por el poder y el control de los recursos naturales. El conflicto étnico, en particular entre Hemas y Lendus, fue entonces manipulado y alentado por todas las partes con fines políticos y económicos. Los vecinos Ruanda y Uganda hacían y deshacían a su antojo.

En Junio de 2000, cientos de soldados Hema del ‘Rassemblement Congolais’, el movimiento que entonces controlaba Ituri, recibieron dos meses de entrenamiento militar en Uganda. A su retorno, el comerciante Thomas Lubanga se convertía en su portavoz. No tenía experiencia política, pero era un hombre educado, un intelectual. Él representaría los intereses de su grupo étnico, los Hema. Las semillas del Unión de Patriotas Congoleños (UPC)  se acababan de plantar.

Thomas Lubanga - CPI (c)En Enero de 2001, Thomas Lubanga se unió al gobierno del ‘Rassemblement Congolais’ como Comisario de la Juventud y Deportes. Poco después ocupaba la cartera de Defensa. Sintiéndose apartado por su partido en los acuerdos de paz de Sun City en Abril de 2002 en Sudáfrica, Lubanga decide marcharse llevándose a sus soldados Hema consigo. En Agosto 2002 el UPC expulsa al ‘Rassemblement Congolais’ de Bunia e inicia ataques indiscriminados contra la comunidad Lendu y todo aquel que sea ‘Jajambu’ (extranjero). En un clima de total anarquía, el UPC de Lubanga y sus milicias rivales, se dan lucha a muerte en batallas en las que participan niños soldados.

En Septiembre de 2002, Thomas Lubanga es nombrado Presidente del UPC. Desde entonces no encontrará oposición alguna. Lubanga es el “Rais” entre los Hema, un líder con permanente y sagrada autoridad. El protector de su grupo en una guerra que demanda la participación y contribución de toda la comunidad. De hombres, de mujeres, y de niños. Sin límite de edad.

¿Por qué las nuevas guerras se nutren de niños soldados?

Las milicias hacen sus cálculos: los niños no reciben salario alguno, son baratos. Son leales, dóciles, obedientes ante una orden. Tampoco muestran temor en la batalla, no comprenden los riesgos ni las consecuencias. Y si los soldados son niñas, es probable que los mandos se sirvan de sus servicios domésticos y también sexuales. “Yo era virgen antes de entrar a formar parte del UPC. Recuerdo aquella sangre que destrozó completamente mi vida”, dice la Testigo 10. “Lloro cada día, no tengo padre ni madre. Estoy sola, y duele…Cuando pienso en todo esto, quiero morirme”.

Aime Dieudonne, un niño soldado a las órdenes de Lubanga, en la ciudad de Bunia, Congo, en 2003 (AP /Rodrique Ngowi)

El trauma dura una vida. “Cualquier experiencia en la que el agresor esté físicamente en contacto con la víctima, con una navaja, con una pistola, violándola, agrediéndola, es probable que genere en la víctima desordenes psiquiátricos”. Quien se dirige ahora a la Cámara es Elisabeth Schauer, doctora en psicología clínica y directora de una ONG que trabaja en la rehabilitación después del trauma. “Los recuerdos traumáticos o emocionalmente importantes se graban en nuestra memoria. La experiencia traumática no se elimina. Está ahí. Puedes sufrir un trauma a los 11 años y morir con un Desorden de Estrés Post-Traumático a los 70.”

El uso de niños soldados en conflicto no es una práctica novedosa del UPC. Cientos de miles de niños engrosan cada día las filas de milicias y ejércitos irregulares en multitud países del mundo. Pero lo que sí es nuevo es el mensaje que este juicio envía al mundo: el reclutamiento de niños soldados, incluso en las guerras sin ley como la del Congo, es un crimen para el que no habrá impunidad.

La Corte Penal Internacional

La Corte Penal Internacional (CPI) es la primera institución judicial internacional con carácter permanente con capacidad para juzgar a los individuos acusados de cometer genocidio, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra. Nació con el objetivo de poner fin a la impunidad de las “atrocidades inimaginables que conmocionan profundamente la conciencia de la humanidad,” y que representara ante todo un instrumento de prevención.El 1 de Julio de 2002 entraba en vigor tras lograr las ratificaciones necesarias de 60 estados. Entre los que votaron en contra se hallaban dos grandes potencias y miembros permanentes del Consejo de Seguridad: Estados Unidos y China.

Esta corte se presenta como un mecanismo complementario que busca suplir la ineficacia de los sistemas jurídicos nacionales o su falta de compromiso por acabar con la impunidad. Es ésta la dificultad a la que se enfrentan algunos gobiernos, a menudo con infraestructuras legales inadecuadas, y en los casos peores, con una escasa voluntad política por juzgar a los responsables de los crímenes más graves. Ha sido la debilidad de ciertos sistemas legales lo que ha empujado a los propios estados a referir sus casos ante la CPI. Así lo hicieron Uganda, Republica Centroafricana y República Democrática del Congo.

Un paseo por Barcelona…

‘Qué extraño es sentirse “exiliado de corazón” paseando por las calles que un día fueron las mías, hablando la que fuera mi lengua y desgarrando mis raíces.

Sólo el mar, y sólo a veces, me recuerda que fue aquí donde nací… Y donde aprendí a querer vivir, más allá de prototipos y esterotipos, más allá de naciones, utopías y cultura en retroceso bajo el lema de “europeizadas y cosmopolitas”…

¿Cómo se llama la sensación de alguien que se siente de fuera en su propia tierra…?’

Barcelona, 12 de abril de 2011

Por fin, La Vida de Los Peces

En 2010 el director chileno Matías Bize estrenaba la película LA VIDA DE LOS PECES, ganadora del Goya a la Mejor Película Hispanoamericana. Ya había encandilado en el Festival de Venecia, pero fue en Madrid donde vimos subir al escenario a un pequeño y desgarbado treintañero de facciones difíciles, pero de fácil sensibilidad… Ése es Bize, director de películas con unos títulos voraces y sencillos como EN LA CAMA (2005), o LO BUENO DE LLORAR (2007).

Esta vez, de la mano del atractivo actor chileno Santiago Cabrera (EL CHE), consigue enmarcar en dos horas las relaciones humanas en su más pura, bella y dura esencia. Cabrera encarna a Andrés, un joven periodista que vuelve a Chile después de 10 años, antes de asentarse definitivamente en Berlín, símbolo de su sueño europeo. En LA VIDA DE LOS PECES, Berlín es también lugar de evasión de su juventud en Chile. Pero Andrés vuelve y se reencuentra con la amistad, la familia, la muerte… y con su gran amor. Beatriz (también de rasgos complejos, por cierto) fue su novia de toda la vida, para la que 10 años no son muchos, pero sí demasiados cuando el ritmo natural del devenir le ha acechado.

Andrés coincide con el cumpleaños de su amigo Pablo, por si no existieran ya motivos suficientes para su vuelta. Y allí, en casa de Pablo, cada habitación es el punto de encuentro de cada emoción, donde acaban siendo más relevantes los silencios que los diálogos.

Por fin, Beatriz y Andrés: pasado, presente y la incertidumbre del futuro. Entre ellos permanecen miles de recuerdos, conversaciones pendientes, y grandes dosis de amor y egoísmo. Andrés y Beatriz aparecen separados por una gran pecera plagada de peces, que olvidan cada paso tal como lo recorren…

La Vida de los Peces

Matías Bize es el creador en la VIDA DE LOS PECES de una vida entera que conmueve a cualquiera. Sobre todo a quien sepa interpretar miradas como las de Andrés, y vías de escape con la forma de los pasillos de la casa de Pablo…

Santiago Cabrera

¿Serán Andrés y Beatriz simples metamorfosis de ésos peces? ¿O la pecera representa a un país como Chile y del que ni siquiera podemos decir que Andrés es un exiliado? El caso es que es en el rincón de la pecera donde ambos se reencuentran y trascienden. Porque todos los que nos hemos ido alguna vez, libres, nos hemos dejado muchos pedazos por el camino…

 

8 años de la muerte de Julio Anguita Parrado

Hoy día 7 de abril de 2011 se cumplen 8 años de la muerte del periodista Julio Anguita Parrado, y desde aquí me gustaría hacerle mi pequeño homenaje… Porque Julio representa a todos ésos jóvenes periodistas con ganas de comerse el mundo, de estar donde está la noticia, donde está la persona que no tiene voz. Julio representa a ésos que aún creen en un periodismo verdadero y vocacional y que aman esta profesión más que a su vida… Julio encontró la muerte en Irak, mientras cubría la guerra para el diario EL MUNDO, como ‘empotrado’ de las tropas americanas. La polémica surgida por las condiciones de trabajo en las que se encontraba en aquél fatídico día, también quiero comentarla en esta entrada…

 

Julio Anguita Parrado o Julio A. Parrado, como solía firmar sus crónicas, nació en Córdoba un 3 de enero de 1971. Hijo del político Julio Anguita González y de la que fuera teniente de alcalde del Ayuntamiento de Córdoba, Antonia Parrado Rojas, siempre tuvo claro que quería ser periodista, por lo que se trasladó a Madrid para estudiar Periodismo en la Universidad Complutense.

Se inició en la profesión en el verano de 1990, tanto en Canal Sur como en el Diario de Córdoba, donde publicó su primer reportaje en agosto del mismo año. Trabajó en ese periódico hasta 1993 año en que obtiene una plaza en la sección Internacional de El Mundo, y para quien se desplazó a Argelia, el Sáhara, Bosnia y Filipinas. No contento con eso, pidió la excedencia para marcharse a Nueva York, donde siempre había soñado vivir. Desde allí siguió colaborando con El Mundo como ayudante de corresponsal, y aprovechó para estudiar un máster de información financiera y colaborar con el portal latino . Entre 1997 y 1999 también colabora con el canal informativo mexicano Conexión Financiera y escribe para la revista Fortune. Entre 2000 y 2003 colabora ocasionalmente con diversas radios y televisiones, pero la experiencia que más le marcó fue ser testigo directo y cubrir desde Nueva York los atentados contra las Torres Gemelas el 11 de septiembre del 2001. De hecho, fue el primero en informarle a El Mundo de lo sucedido.

Poco después, su afán por desplazarse al lugar de los hechos, le llevó a prepararse intensamente para informar de la Guerra de Iraq in situ. Para ello, se alistó en un curso de entrenamiento ofrecido por el Pentágono para corresponsales de guerra. Acabó consiguiendo una plaza como ‘empotrado’, y desde el 21 de marzo de 2003 cubrió la guerra con la Tercera División de Infantería del Ejército estadounidense. Se preparó intensamente para informar de la Guerra de Irak, alistándose en un curso de entrenamiento para corresponsales de guerra organizado por el Pentágono. Desde el 21 de marzo de 2003 cubrió la guerra con la Tercera División de Infantería estadounidense.

El 7 de abril, ya en Bagdad, le alcanzó un misil ocasionándole la muerte. Su amigo Mayor Michael Weber, relató así las circunstancias de la muerte del primero periodista español en la guerra de Iraq: “Fue un misil iraquí. Golpeó nuestras posiciones desde el noroeste. Yo creí al principio que se trataba de un avión en vuelo rasante…Estaba montando el hospital de campaña a algo más de 200 metros del Centro de Comunicaciones cuando escuché el silbido, y después la explosión que reventó el edificio…Julio murió en el acto”.

Fue enterrado en su ciudad natal el 16 de abril bajo una fuerte polémica relacionada con la situación laboral en la que se encontraba Julio en el momento de su muerte.

Ética, honestidad, brillantez, constancia, capacidad de comunicación, olfato para la noticia, versatilidad, tenacidad, sentido de la amistad. Todos esos conceptos los han manifestado varios amigos y compañeros sobre Julio Anguita. Y es que sus textos nos permiten entrar en contacto con la autenticidad y la veracidad, buscando ser siempre primera fuente de información, siendo la honestidad su principio básico a la hora de ejercer la profesión de periodista.

En homenaje al fallecido Julio, encontramos el libro BATALLA SIN MEDALLA, una edición de Albertini, Fresneda y Alonso, y donde se recogen los mejores textos de Julio Anguita, así como las semblanzas de familiares, colegas y amigos, lo que nos ayuda a tejer minuciosamente la personalidad de nuestro protagonista, Julio Anguita Parrado. Un libro imprescindible de leer si se quiere conocer con profundidad uno de los mejores periodistas de la última generación. El profesor Agustín García Matilla, profesor de Julio en la Facultad de Ciencias de la información de la Universidad Complutense de Madrid, escribe sobre el citado libro lo siguiente: “Desde las entrevistas iniciales de Ana Fernández a la familia Anguita Parrado, mechadas de reflexiones, de recuerdos de Julio, de pinceladas que son en sí mismas imágenes fractales de retratos completos de esas personas decisivas en la vida de Julio: Antonia Parrado, la madre, sigue siendo una preciosísima “Pietá” laica y sigue acogiendo a Julio en su regazo con una mirada luminosa, generosa y espléndida; Julio Anguita, el padre, que sin duda influyó en la permanente actitud de autoexigencia de su hijo mayor. Un hijo que evitaba su primer apellido y firmaba A. Parrado para ser él mismo y, probablemente, para que nadie pensara que podía beneficiarse de la condición de ser hijo de un político con influencia. Un padre, un maestro y, ahora alumno, que no muestra rubor al aceptar que “mi hijo ha marcado para mí un camino”; Ana Anguita Parrado, en sus propias palabras “huérfana” de su hermano pero siempre candela encendida, llena de amor, ternura y esperanza; su hermano Juan, identificado para siempre con las utopías compartidas con Julio y, siempre presente; el abuelo Juan Parrado, referente imprescindible para toda la familia, memoria viva de todos los valores, de todos los principios…y siempre sus colegas y amigos y siempre sus ciudades: Córdoba y Nueva York, Nueva York y Córdoba y de paso Madrid y otros muchos lugares que supo hacer también suyos.”

El libro habla de una vida vivida con plenitud, una vida que nunca podrá ser presentada como una vida truncada a los 32 años. Julio Anguita Parrado quiso ser responsable de todos los actos de su vida. Una vida llena de concesiones, a la vida misma, a la amistad, a la solidaridad y a la tolerancia. Una vida, por otra parte, sin concesión alguna a la búsqueda del triunfo fácil, sin concesión a la mediocridad, a la falta de pasión, a la ausencia de generosidad o de compromiso con la amistad.

Julio es y será siempre un referente de esa primera generación de españoles que vivieron la mayor parte de su infancia y su juventud en democracia. Julio forma parte de esa generación que, casi de puntillas, ha decidido gritar un no inmenso a la guerra, que ha decidido refrescar esa memoria histórica. Julio representa a todos aquellos defensores de viejos ideales que participaron en continuas batallas sin medalla y que fueron capaces de soñar las más bellas utopías para ese otro mundo posible.

Su amiga y compañera en El Mundo Ana Bueno, recuerda “Contaba la guerra como si hubiera vivido ya unas cuantas. Con la misma naturalidad con la que te hablaba de sus vacaciones en los Caños, el último concierto de “flamenquito”, o sus visitas al gimnasio… Ni siquiera parecía ser consciente desde el frente de que era para nosotros la auténtica voz de la guerra. Como Mónica G. Prieto desde Bagdad. Las voces verdaderas de la guerra en las páginas de El Mundo, la voz de los hechos y los horrores, las victorias y las derrotas en directo en El mundo.es (…) Llamaba cada día, cada hora si hacía falta, relataba con el máximo detalle las operaciones en curso, apuntaba las tácticas siguientes y siempre encontraba momento para la distensión”.

Según Ana Bueno, “lo escuchabas y lo imaginabas allí, entre tanto soldado caqui, con su acento cordobés ya casi neoyorquino, y su vitalidad, su alegría, su sensatez… Su tono, más acelerado de lo normal en estos días, sólo se interrumpía por impresionantes silencios que permitían escuchar al otro lado del teléfono el sonido de los misiles que caían a unos metros. Hoy muchos recordábamos en la redacción cuánto nos extrañaba ver la firma de JulioA. Parrado en los primeros días de la guerra. Un asombro que se nos curó cuando empezamos a leer su crónicas, vivas, humanas y fieles. En la guerra, como en Nueva York, como en Madrid, como en Córdoba, encontró el sitio a su medida. A la medida de la excelente persona que era. Viajaba con la Tercera División, pero en un lugar muy especial: junto al equipo médico del hospital de campaña.

Desde Iraq, Julio se preocupó porque llegaran los correos que los soldados estadounidenses escribían a sus familias.”

Julio solía contar cómo las tropas estadounidenses, muy bien equipadas y entrenadas, tenían sin embargo una enorme inexperiencia que les hacía cometer continuos y mortales errores.

Julio como "empotrado" poco antes de morir

Esta es la crónica publicada en El Mundo al día siguiente de la muerte de Julio:

8 de abril del 2003

LOS HECHOS

Julio A. Parrado muere víctima de un misil al sur de Bagdad

El campamento de la 3ª División de Infantería al sur de Bagdad tras la explosión. (Ben Jhonson/ benthere.com)

Se encontraba en un centro de comunicaciones del Ejército de EEUU contra el que se produjo el ataque / El cohete, que mató a otro periodista y a dos soldados y destruyó 17 vehículos, pudo ser disparado desde el pueblo de Hilla / Su padre, Julio Anguita, declaró tras conocer la noticia: «Mi hijo me dijo que quería estar en primera línea; ha cumplido con su deber»

«¡Acabamos de perder a dos reporteros!». La frase con que Julio A. Parrado iniciaba una de sus crónicas hace apenas dos meses, cuando terminó su curso de corresponsal de guerra en Quantico (Virgina, EEUU), se hizo abruptamente realidad en la tarde del 7 de abril de 2003. El enviado de EL MUNDO y un reportero del semanario alemán Focus fallecieron cuando un cohete estalló en medio del centro de operaciones tácticas de la 2ª Brigada de la Tercera División de Infantería de EEUU, situado en la retaguardia de esa unidad.

Junto a los periodistas murieron dos soldados estadounidenses y otros 15 resultaron heridos. También fueron destruidos 17 vehículos militares. Fuentes del Pentágono afirman que se trató de un cohete tierra-tierra iraquí que alcanzó por la espalda a las tropas estadounidenses cuando éstas se hallaban comprometidas en una incursión hacia Bagdad.

Julio Anguita Parrado, de 32 años, era hijo del ex coordinador general de Izquierda Unida, Julio Anguita, y de Antonia Parrado, teniente de alcalde de esa misma formación política en el Ayuntamiento de Córdoba.

Anguita estaba vinculado a EL MUNDO desde 1993, año en que ingresó como alumno en prácticas, y actualmente trabajaba como corresponsal en Nueva York. En esa ciudad fue testigo del atentado del 11 de septiembre de 2001 y se especializó en información económica.

El reportero de la revista Focus fallecido fue identificado como Christian Liebig, de 35 años. El Pentágono no facilitó la identidad de los militares estadounidenses muertos.

Nada hacía presagiar la tragedia que se abatió el 7 de abril sobre el centro de operaciones de la 2ª Brigada. El agresivo reconocimiento realizado por unidades de marines y de la Tercera División de Infantería en Bagdad esa fatídica mañana estaba terminando cuando se produjo la explosión que devastó el cerebro y el corazón de la unidad.

Harald Henden, fotógrafo del periódico noruego Verdens Gang de Oslo, relató las circunstancias que rodearon la muerte de Julio A. Parrado: «La noche anterior, nos invitaron a asistir a la incursión. Tuvimos la libertad de decidir y Julio y el reportero alemán prefirieron quedarse. Nos habían advertido de que el ataque sería muy duro. Nos metieron en un blindado y recibimos mucho fuego, pero volvimos sanos y salvos. Cuando estábamos en Bagdad llegó la noticia de que había caído un cohete en el cuartel general y habían muerto dos periodistas. Nos imaginamos que eran ellos. Es increíble que en el lugar más seguro les haya pasado esto».

Julio telefoneó tres veces en la mañana a la Redacción de EL MUNDO. Era consciente de que la incursión de la Tercera División contra Bagdad era la gran noticia del día. Pero revestía cierto peligro. El domingo habló con Roberto Montoya, uno de los jefes de Internacional, y con Iñaki Gil, director adjunto de Información del diario, para informarles de que le habían invitado a tomar parte en ella. «Le advirtieron de que iba a ser muy peligroso», cuenta Gil. «Y le dijeron que, eventualmente, podrían quedarse en Bagdad. El deseaba ir, pero los militares estadounidenses le señalaron que su chaleco antibalas no era apto porque carecía de placas de protección. Así que prometió enviar una crónica contando los detalles de hoy y me pidió que avisara a la Redacción de Internet de que algo gordo iba a ocurrir al amanecer».

Becario en Internacional

El día de su muerte, Julio consiguió telefonear a las 06.30, a las 07.30 y a las 08.30 horas a la redacción de Elmundo.es. Habló primero con la redactora Yaiza Perera, después con Ana Bueno y, por último, con el responsable de Información de Internet, Borja Echevarría. «Nos confirmó -relata Echevarría- el ataque de la mañana y nos dijo que él había pensando ir, pero que cuando estaba a punto de marcharse llegaron varios heridos del frente, alcanzados en un ataque de mortero. Ahí le volvieron a recordar que su chaleco no era el adecuado. Así que él mismo nos dijo que había hecho bien en no ir».

Julio Anguita Parrado nació en Córdoba en 1971. Estudió periodismo en la Universidad Complutense de Madrid y se incorporó como becario a la sección de Internacional de EL MUNDO en el verano de 1993.

Atrapado por el prurito de no verse favorecido por el cargo que ocupaba su padre como coordinador general de Izquierda Unida, se negaba a firmar con su nombre completo y prefería utilizar el apellido materno. Quienes compartieron con él aquel verano recuerdan que, pese a ocultar su identidad, afrontó con gran espíritu su condición. Marta Anson, hija del periodista monárquico Luis María Anson, que también realizaba prácticas ese verano en EL MUNDO recuerda: «Hubo una controversia en la Redacción ese verano sobre si la monarquía debía pronunciarse sobre tal o cual asunto. Y resultó que Julio Anguita defendía la monarquía y yo me mostraba más crítica. La gente se reía y decía que nos habíamos intercambiado».

La quinta de Julio ha tenido un destino trágico. Su compañera de prácticas en la sección de Internacional, Belén Reyes Guitián, quien también se convirtió en redactora de EL MUNDO, falleció en accidente de tráfico hace dos años.

En el verano de 1996, Anguita partió a Estados Unidos, donde ejerció como corresponsal de este periódico. También colaboró en diversas publicaciones económicas, entre ellas la edición para América Latina de la revista Fortune.

Julio Anguita Parrado fue el segundo periodista de EL MUNDO en morir en acto de servicio en 15 meses. El 19 de noviembre de 2001, Julio Fuentes Serrano fue asesinado por guerrilleros talibanes cuando cubría el conflicto en Afganistán.

El teniente coronel Peter Bayer, jefe de operaciones de la Tercera División de Infantería, informó de que no está claro el tipo de armamento que se utilizó en el ataque en el que falleció Anguita, aunque Irak cuenta con una gran variedad de misiles.

La semana anterior, tres misiles tierra-tierra de fabricación soviética, conocidos con el nombre en clave de Frog, fueron disparados contra la 1ª Brigada de la Tercera División sin causar bajas cuando ésta se hallaba a las alturas de la ciudad de Nayaf.

Bayer dijo que según las primeras investigaciones, el cohete pudo ser disparado desde la ciudad de Hilla, la cual estaba rodeada por las fuerzas estadounidenses. Esta localidad había quedado a unos 40 ó 50 kilómetros por detrás de la Tercera División, cuya vanguardia se hallaba desplegada en los alrededores de la capital iraquí.

Según el testimonio de Bayer, la explosión dejó un cráter «de considerables proporciones». El centro de operaciones táctico es un puesto de mando móvil que coordina todos los aspectos de las operaciones militares, desde sus planes de ataque hasta sus suministros.

Fuentes militares comentaron que la destrucción del centro podría entorpecer las operaciones de toda la brigada. Ayer no estaba claro si el proyectil que destruyó la unidad era un misil guiado o si se trataba de un impacto casual.

El fallecimiento del periodista español se confirmó oficialmente sobre las 19.30 horas del lunes 7 de abril. El director de EL MUNDO, Pedro J. Ramírez, anunció la noticia a todo el personal, reunido en la planta de Redacción, a las 19.45 horas. «Es lo peor que nos podía pasar», dijo Ramírez. «Nos matan a un periodista porque decide ir de un sitio a otro (Fuentes). Y ahora nos matan a otro que por prudencia decide quedarse… Ya lo único que podemos hacer es contarlo».

Ramírez dijo que deseaba recordar la ilusión que brillaba en los ojos de Julio cuando partió a la guerra y buscar consuelo en el hecho de que murió haciendo lo que más le gustaba.

Batallón ‘Med-evac’

Tras finalizar su curso de corresponsal de guerra con el Pentágono, Julio fue integrado en la 2ª Brigada de la Tercera División de Infantería (Mecanizada). Desde la madrugada del 22 de marzo en que entró en territorio iraquí, se hallaba encuadrado en el batallón de Med-evac (Medical Evacuation, rescate médico) lo que le permitió ser testigo de la crudeza de la guerra y de su rostro más duro: el de las personas heridas y mutiladas.

Nada más comenzar las operaciones tuvo una gran bronca con los jefes de prensa de su unidad porque le impedían utilizar su teléfono móvil Thuraya, ya que los estadounidenses sospechaban que el consorcio árabe que es propietario de esa compañía podía facilitar las coordenadas de sus móviles al enemigo. El mando militar de EEUU prohibió la utilización de todos los Thuraya en el frente de combate. Para resolver este inconveniente Julio había formado equipo con el reportero alemán y utilizaba su teléfono portátil.

Era tal la humanidad de Julio que incluso en medio de una guerra ya se había convertido en un personaje popular de la brigada. Pese a las penurias («Estoy feliz, hoy he podido ducharme», le confesó por la mañana a Borja Echevarría) y a la tragedia cotidiana de la guerra, tenía tiempo para ir recolectando los mensajes que los soldados desconocidos querían hacer llegar por correo electrónico a sus familiares. Casi todos los días desde que comenzó la guerra, uno podía encontrarse en el sistema de teletipos de EL MUNDO un mensaje de Julio pidiendo que reenviaran a sus destinatarios en EEUU los mensajes que él había apuntado a mano -muchas veces dictados de viva voz por soldados que marchaban al frente- y que él convertía en correos electrónicos.

Amanda Frietch recibió uno de su padre tres días antes de la muerte de Julio y, agradecida, respondió sin saber lo ocurrido: «Sólo quiero decirles ¡gracias! por enviarme estos mensajes de mi papá… muchas, muchas gracias por toda vuestra ayuda».

Pese a este último artículo, donde El Mundo muestra su dolor por la muerte de Julio Anguita, se iban fomentando fuertes discusiones por la situación laboral en la que se encontraba Julio A. mientras ejercía de corresponsal en Iraq. Ya durante su entierro se escucharon gritos de protesta contra el representante de El Mundo. De hecho, Pedro J. Ramírez, el director del periódico, no asistió ya que un grupo de periodistas cordobeses había mostrado su desacuerdo con la presencia de éste.

 POLÉMICA POSTMORTEM

Las muertes de los periodistas Julio Anguita Parrado y José Couso en Iraq, provocaron una fuerte crispación entre las principales empresas periodísticas: El Correo, Prisa y El Mundo.

Grupo Correo y Prisa responsabilizan a Pedro J. Ramírez de la precariedad que sufría desde hace años Julio Anguita Parrado, y el director de El Mundo se defiende acusando a ambos grupos de utilizar datos falsos para atacarle.

Mercedes Gallego, amiga y corresponsal de El Correo, que también había obtenido una plaza en primera línea de fuego, hizo difundir un texto por la agencia Colpisa (perteneciente al Grupo Correo), el 8 de abril de 2003. En él, recordaba las palabras de su amigo Julio A. como última voluntad: “Les he dicho a todos que si me muero, no dejen que Pedro J. venga a mi entierro y se cuelgue medallas a cota mía”. Mercedes aseguró que “El Mundo le había dado pocas satisfacciones recientes. La presencia de la hija de Pedro J. Ramírez y su novio en Nueva York le hacía temer por su puesto de trabajo […] Julio consideró una traición que Carlos” [Fresneda, corresponsal jefe del periódico en Nueva York] “le sustituyese temporalmente con la pareja que amenazaba su puesto, mientras se iba a Iraq.” También afirma que antes de viajar a tierras iraquíes Anguita pasó por España para ver a su familia y amigos, apostillando: “a quien le costó trabajo ver fue a Pedro J. Ramírez, que sólo le dedicó unos minutos. Fue para negarle en redondo que fuese a darle la plaza de plantilla en Nueva York por la que había estado luchando durante tantos años”.

Sin embargo, estas dos alusiones directas a Ramírez fueron recortadas en una nueva versión con la que dos horas y media después de ser difundidas por lo que la agencia Colpisa sustituía la crónica inicial. De esta manera, la versión que publicaban al día siguiente los diarios del grupo (ABC y El Correo principalmente), no tenía alusiones directas a Pedro J. Ramírez.

Fuentes cercanas a El Correo aseguraron que, en la carta de pésame que el grupo vasco envió a Ramírez por la muerte de su empleado, “le ofreció al director la posibilidad de completar su cobertura de la guerra con las crónicas de Mercedes Gallego”. Pero la aceptación inicial de esta oferta se tornó en ira cuando Ramírez comprobó el contenido de la primera de las crónicas, a lo que siguieron amenazas al director del diario El Correo, Ángel Arnedo, para que no la hiciese pública: “Al no aceptar éste las presiones, Pedro J. se dirigió a los altos cargos del grupo con la amenaza de tomar la publicación de la crónica como un ataque empresarial que iniciaría una guerra mediática entre ambos grupos.”

La discusión mediática que se originó por la precaria situación laboral de Julio generó un cruce de acusaciones entre El Grupo Prisa, tradicional adversario de El Mundo, y El Grupo Correo, cuyo máximo responsable, José María Bergareche, se ha caracterizado siempre por mantener una estrategia empresarial cordial con sus competidores. Éstos acusaron a El Mundo de diversas imputaciones a través de articulistas de medios como El País, ABC, El Correo Español o Telecinco. Rápidamente, el director de El Mundo, Pedro J. Ramírez reaccionó con dureza al ataque, acusando a sus competidores de falta de ética periodística y de utilizar datos falsos para intentar desprestigiarle.

El miércoles 16 de abril se celebra finalmente el funeral de Parrado sin la presencia de Pedro J. Ramírez ni de ningún otro miembro de la dirección de El Mundo, aunque sí asisten algunos compañeros de la víctima en la redacción. Supuestamente su ausencia se debió a la petición explícita de los colegas periodistas de Julio.

Durante esos días de polémica, un amigo y compañero suyo en Nueva York intentaba aclarar el por qué Julio tuvo un mal presentimiento antes de Iraq y que le llevó a decir que si moría, no fuese Pedro J. Ramírez. A continuación, copiamos literalmente la declaración:

“Yo sé por qué Julio Anguita Parrado no quería que Pedro J. Ramírez asistiera a su entierro. Te lo explico e indirectamente desentierro un antiguo debate que mantuve.

Días antes de marchar a Kuwait, donde se uniría al ejército norteamericano, Julio viajó a Madrid para arreglar papeles y gestionar un seguro de guerra con su diario. Hoy a través de personas próximas a él supe que esas negociaciones con El Mundo no habían ido bien. El periódico no quiso pagar ese seguro. Y luego descubrí más.

Duele al leer en El Mundo que había trabajado durante diez años en la empresa y que era corresponsal en Nueva York. El Mundo lo tenía en excedencia para pagarle en bruto, y su estabilidad laboral era más bien su inestabilidad laboral. De hecho Julio quería volver a Europa, pues desde hacía ya mucho tiempo se rumoreaba que su plaza en Nueva York estaba adjudicada a la hija de Pedrojota. Un poco más tarde otro amigo de Julio con experiencia como corresponsal de guerra me explica que los seguros para este tipo de conflictos sólo se consiguen con un contrato de trabajo de por medio, algo que Julio no tenía con El Mundo. También nos cuenta que Julio lo llamó para asesorarse sobre qué chaleco antibalas debía comprar, pues el diario no se lo iba a facilitar. Este colega le aconsejó el mejor, uno con placas de cerámica, “porque con estas cosas no se juega”, le dijo. En la tienda a la que había ido Julio no tenían ese chaleco, y además resulta muy caro. Quizás por ese motivo, compró uno de calidad inferior. Precisamente el día de su muerte no pudo avanzar con las tropas porque no se lo permitieron debido al chaleco que llevaba. Los norteamericanos le dijeron que no era el reglamentario y no podían garantizar su seguridad. La fatalidad quiso que el lugar atacado fuera el centro de comunicaciones donde se quedó por precaución.

La otra periodista española que acompaña a las tropas, y a la que podéis leer en La Voz, llamó a algunos de sus compañeros en Nueva York y les dijo que Julio tenía un mal presentimiento y que le había pedido que si pasaba algo hiciéramos saber por qué no quería que Pedrojota asistiera a su entierro y el motivo de esa negativa.

Quizás Julio se aventuró demasiado para conseguir su ilusión de ser corresponsal de guerra, y descuidó tanto su seguridad personal al no llevar un chaleco adecuado, como sus condiciones laborales, al aceptar trabajar en unas condiciones de alta peligrosidad sin el apoyo necesario por parte de su medio de comunicación. Pero ello no quita culpa al medio en cuestión, que vende el ejemplar de hoy a costa de una persona a la que había puteado durante mucho tiempo.

No leáis esto como una simple acusación a El Mundo; sólo quiero señalar con el dedo a todas las empresas -de todo tipo, no sólo medios de comunicación, por supuesto- que ahorran unas pesetas e incluso sacan cazo gracias a las numerosas trampas que se pueden hacer a la legalidad en materia laboral: ETT´s, contratos basura, etc etc.”

 

Carlos Fresneda, con quien compartiera Julio una larga temporada profesional en Nueva York y que se vio forjada en una intensa amistad, escribió tras su muerte este emotivo texto.

OBITUARIO: De Córdoba al Village en busca de una vocación

Nieva en Nueva York, Julio. Nieva sobre todos nosotros, los que no fuimos capaces de convencerte para que te quedaras en la retaguardia y te alejaras de esta guerra absurda e innecesaria. Me siento culpable, terriblemente culpable, por no haber impedido que te fueras. En mi mano estuvo. Demasiado tarde.

Miro a la ventana y trato de imaginarte en tu piso-oficina del Village, como cualquier otro día antes de que empezara esta locura. Hablaríamos a eso de las ocho, nos repartiríamos el trabajo, me animarías el día con tus chascarrillos de Córdoba o con la resaca neoyorquina. Hacíamos buen equipo, tú lo sabes. No sé si voy a ser capaz de seguir adelante… Aún no le he contado la noticia a mis hijos, Miguel y Alberto. Te querían como si fueras su tío. Te estamparon dos sonoros besos el último día, cuando venías de comprar el equipo para marcharte a la guerra. Alguna vez me preguntaron por ti; les dije que estabas lejos y un día les enseñé tu foto en el periódico.

Sentía por ti un orgullo de hermano mayor y me alegraba enormemente de tus éxitos profesionales. Me gustaba tu espíritu crítico y a ratos irreverente, y tu capacidad para percibir detalles que otros no veían. Nos juntábamos a veces en el parque o cenando en Patsy’s para buscarle cinco pies a todo lo que estaba ocurriendo. Y siempre me sorprendía.

Te felicité efusivamente por tus primeras crónicas durante el 11-S y casi lloré de emoción leyendo aquella carta a Nueva York que bordaste un año más tarde. Te vi madurar increíblemente, como periodista y como persona. La guerra, eso pensabas, era quizá la oportunidad para demostrar lo que podías dar de ti. Se te veía preocupado pero ilusionado. Temías que la competencia consiguiera un puesto en el frente y era nuestro deber luchar. Te metiste en un cursillo de preparación y volviste con energías.

Estuviste en un tris de claudicar, pero un lunes te marchaste a Washington, «a ver a una colega en el Pentágono», y volviste como quien dice con el billete bajo el brazo. La indecisión te duró una noche. Al día siguiente ya tenías listo el petate.

Estábamos ya metidos en la vorágine prebélica, y no nos dio tiempo ni para quedar en Patsy’s. Tengo una imagen muy fugaz de cuando viniste a despedirte a casa. Desapareciste en un abrir y cerrar de ojos, como otras veces. Ahora me arrepiento de no haber sacado tiempo para ayudarte a calibrar la decisión más crucial de tu vida.

Se supone que a estas alturas tengo que hacer balance de tu vida, pero no creo que haga falta contar más de lo esencial. Que naciste en Córdoba, que amabas Nueva York, que tenías incontables amigos aquí y allá, que te hacías querer como si fueses un hermano, que nunca -ni en los últimos días allí en el frente- perdiste tu jovialidad.

Recuerdo vagamente el día, cuando aún trabajabas en la redacción de Madrid, en que me comentaste tu idea de saltar el charco. Te animé en el acto. Aquí había trabajo de sobra para dos y estabas en la mejor edad, veintitantos, para comerte en su jugo la ciudad.

No tardaste en hacerte neoyorquino como el que más. Te instalaste en Grove Street y pronto te hiciste popular en la comunidad hispanohablante. Tenías sed de vida y no te diste por satisfecho escribiendo en el periódico. Te metiste en un máster de información económica, pasaste un tiempo por http://www.starmedia.com. Te hiciste en tiempo récord con todos los entresijos de Nueva York y te acabaste convirtiendo en mi otra mitad.

Me sentí desgajado cuando te fuiste a la guerra, pero el dolor fue remitiendo cuando te vi día tras día en primera y palpité con tus crónicas y cuando en el periódico se deshacían en halagos hacia tu labor y ya soñaban con verte abrazado a Mónica en Bagdad, punto final a esta maldita guerra.

El periódico fue nuestro enlace desde que empezaron las bombas, pero a veces conseguiste conectar conmigo. Hablamos la semana pasada y te noté sereno y seguro. Un par de días después sé que viste explotar un tanque a decenas de metros y entonces me empecé a preocupar seriamente.

(Lo supe por Idoya, tu entrañable amiga, que fue también la última en hablar contigo).

Me diste varias veces unos cuantos teléfonos y una lista de nombres en Estados Unidos. «¿Te importa llamar y decirles que sus hijos están bien?». Tus deseos fueron órdenes, y hablé con Deborah y Bonita, y les dije que William, Breeze y Sacha estaban perfectamente, a unas 30 millas de Bagdad.

Al cabo de media hora me llamó la madre de Breeze y me dio eternamente gracias por darle noticias de su hija y lloró desesperada temiendo que la Tercera División de Infantería se estaba metiendo en lo peor de lo peor.

Tú nunca me transmitiste esa sensación, salvo una vez, en plena pausa operativa, cuando os sentíais perdidos en el desierto y temíais una emboscada en cualquier momento. «Hacemos piña: es la única manera de soportar esto», me confesaste. Te entendí perfectamente y te felicité por tus crónicas. Y creo que te animé para que fueras pensando en un libro a la vuelta. Se te oía muy nítidamente antes de que se levantara una de esas colosales tormentas de arena.

Nieva en Nueva York, Julio. Me llama Ricardo: que han dicho en la Fox que han matado a dos periodistas al sur de Bagdad y que parece que uno es español. Prefiero no alarmarme antes de tiempo, pero el teléfono empieza a sonar sospechosamente. En el Pentágono no saben/no contestan. En la Fox y en la CNN están a su guerra. Todo aquí te resulta tan inhumano y distante como el tratamiento que están dando a la masacre diaria.

No te lo vas a creer, Julio, pero de nuevo como telón de fondo me llega la crónica televisiva de la Fox, firmada por uno de tus colegas, relatando el paseo heroico de la Tercera División por las calles de Bagdad. «¡Trabajo espectacular!», oigo decir a mis espaldas. «Trabajo denigrante, infame, vil, asesino», replico para mí mismo.

Te queremos, Julio.

El Sindicato de Periodistas de Andalucía (SPA) hará entrega esta tarde del V Premio Internacional de Periodismo Julio Anguita Parrado, que se ha concedido al fotoperiodista Gervasio Sánchez. El acto tendrá lugar a las 19.30 horas, en el Salón de Mosaicos del Alcázar de los Reyes Cristianos (Córdoba)

El canon literario: criterios válidos, criterios inválidos

El canon literario: criterios válidos, criterios inválidos es un debate iniciado por Jordi Gol (escritor, editor y profesor de literatura). En su web Paralelo Sur, nombre de su editorial y revista literaria, Jordi escribe acerca de las publicaciones que lleva a cabo con tanto mimo. Apasionado por la historia, la literatura, a todo lo que huele a humanístico, al saber…

Dos premisas son necesarias para compartir el criterio de calidad que creemos que es atributo de una obra canónica: la idea de que el arte es algo completamente inútil, que Ortega y Gasset promulga en su libro La deshumanización del arte , y la idea, compartida por muchos autores de la talla de Wilde (“toda mala poesía es sincera”), Pessoa (“el poeta es un fingidor”) o Valente, de que la poesía no es la sinceridad de los sentimientos, sino la intelectualización de estos sentimientos con el objetivo de crear un artefacto literario, es decir, estético.

Pero este esteticismo no significa que el artista se separe de su obra, que no se implique en ella. Todo lo contrario: el Eros creador genera sus propias angustias, por lo que la literatura se contagia (es una especie de ósmosis, pero no un vertido de sentimientos), de los trastornos humanos. Un claro ejemplo es la soledad que es característica de todo texto literario, una soledad esencial en que el autor está completamente aislado frente a su obra, donde nadie puede compartir la angustia de crear. La obra literaria no interioriza la angustia del autor: es la propia angustia vital, la angustia por trascender, por superar el fin de la existencia y por superar a los predecesores y a los contemporáneos. Por así decirlo, el canon se convierte en un espacio de la soledad absoluta, de la muerte, pero también de la inmortalidad (¿de la resurrección?), que arranca con los griegos. La misma musa que hace solitario al poeta le otorga la inmortalidad en el recuerdo de los hombres. Es la misma vida de la fama de la que habla Jorge Manrique en sus Coplas a la muerte de su padre , una fama para la que es necesaria la proeza, la hazaña, lo poco común, lo inaudito. En literatura, esta idea, sobre todo a partir del siglo XVIII, se liga con el concepto que acuñó Longinos de “lo sublime” . Y, ¿en qué consiste “lo sublime”? En aquello que genera un goce estético que es capaz de transportar al ser humano más allá de la realidad. Dicho de otra manera, es un placer que surge del dolor de renunciar a placeres más cómodos a favor de otros más difíciles, que exigen del sujeto pasivo que no sea tal, que desarrolle una actividad que le permita disfrutar del goce estético, actividad que puede resultar incómoda y compleja, pero que como recompensa recibe el alcance un placer superior (“sublime”). Este y no otro es el placer que predica la escuela de Epicuro. Así, el canon se justifica en una lectura dolorosa y difícil en busca de un placer superior. Se podría decir que entronca con el viejo deseo de Góngora de crear una poesía muy compleja y oscura, que oculte su verdadero significado, para multiplicar el placer del lector que consiga descubrirlo.

Es pues, el deseo de construir una gran obra, de hacer un artefacto estético “sublime” lo que define la intención del autor de una obra canónica. Ya para los griegos la estética y la agonística (el deseo de destacar sobre los demás) son una misma cosa (también para Nietzsche), siendo la literatura una herramienta estética para alcanzar la superación propia y la de los demás. Es un deseo consciente de ir más allá de su tiempo y de sus influencias. Es la intención de crear una obra totalmente original, que supere la tradición y que la subsuma en la obra. Para ello, el autor ha de convertir a sus acreedores literarios en componentes personales y originalísimos, de modo que, aunque se noten las influencias, la obra sea mucho mayor que la suma de todas estas influencias. Son escritores canónicos aquellos que son asombrosamente originales con respecto a los anteriores y que, además, nos dan la impresión de haber servido de ejemplo para autores y obras posteriores. Es decir, que para entrar en el canon, una obra ha de ser de una originalidad radical con respecto a lo anterior y tremendamente individual en el sentido de que no tolera que el eje de la obra lo constituya la ideología: una obra sólo puede entrar en el canon por criterios estéticos.

Pero ¿cuáles son estos criterios? Tres: dominio del lenguaje metafórico que sugiere nuevas posibilidades para este; poder cognitivo (en el que siempre está implicada la memoria consciente o inconsciente); y conocimiento y sabiduría con respecto al ser humano y explotación estética de este conocimiento (fuerza dramática del sexo, fuerza expresiva del dolor, etc.). Es decir, criterios que hagan que una obra no se agote en una sola lectura, sino que ofrezca un placer y una interpretación nueva cada vez que sea releída.

Es el criterio estético y no el ideológico el que ha de inscribir una obra en el conjunto del canon. Este es el caso, por ejemplo de uno de los grande libros canónicos: La Biblia. Para entender su inserción en el canon no hay que tomar el texto como una verdad ideológica, sino como un texto literario, donde rasgos como la ironía (sólo hay que fijarse en la evolución del Yahvé: caprichoso, contradictorio, iracundo, etc.), la estructura y el estilo definen mucho más su literalidad que las ideas que contiene. Es la reinterpretación religiosa que hacen del texto los sacerdotes hebraicos lo que convierte al texto literario en un instrumento ideológico, razón por la cuál no tendría necesariamente que figurar en el canon. Lo mismo ocurre con el Apocalipsis de San Juan, que es pura poesía, o con el Corán de Mahoma.

La lucha entre defensores y detractores del canon es la lucha entre la literatura entendida como estética y la literatura entendida como instrumento de transmisión moral e ideológica. Las posiciones intermedias son prácticamente imposibles y, por lo tanto, prácticamente inexistentes.

Dos son las premisas que sustentan la opinión de los defensores del canon con criterios estéticos (es decir, los defensores del canon): la necesidad de comparar para valorar un criterio estético (mejor que, igual que, peor que) y el hecho de que la literatura no sea un programa de salvación social, es decir, que pueda existir buena literatura con una ideología perversa (o moral equivocada).

Con respecto a la primera premisa, los defensores del canon arguyen que el hecho (siempre necesario) de situar un texto en la “autopista de la historia” no significa necesariamente que los condicionantes históricos y sociales determinen la escritura del texto literario. Son factores externos a tomar en cuenta, pero la escritura es algo genuinamente individual, y en esa individualidad hay que basar la esencia del criterio estético que hace que una obra reúna las cualidades para ser canónica. Si no, ¿querría decir que la literatura no puede recuperar las cimas a las que llegó en el siglo XVI y XVII, con Shakespeare, Cervantes, Lope, Calderón, Quevedo, Góngora o Ben Jonson, sino recupera los condicionantes histórico-sociales de la época? O, más aún, ¿son tan sólo esos condicionantes los que hacen que sea una época pródiga en genios?

Los defensores del canon se decantan por el pensamiento de que la literatura es cosa de élites, en cuanto a que es un fenómeno individual y no un fenómeno social. El valor estético puede, pues, reconocerse y experimentarse, pero no transmitirse de una forma lógica y racional a quienes no tiene ni las actitudes ni las aptitudes espirituales para captar sus percepciones y sensaciones. Por ello reivindican la importancia del criterio estético como criterio de valor en el juicio literario frente a aquellos que solo reivindican la reducción de la literatura a mera ideología o mistificación.

De hecho, y aun aceptando la crítica marxista de que la constitución del canon es un hecho ideológico en sí mismo -ya que tanto el escritor como el crítico deben su independencia a la sociedad en la que viven- eso no significa que no dejen de criticarla, como han demostrado todo tipo de escritores desde Sófocles y Eurípides hasta Kafka o Joyce, pasando por Cervantes, Quevedo, etc. Lo grave es que se están destruyendo los criterios intelectuales y estéticos de las humanidades en virtud de un programa de hipotética justicia social.

Por ello, la función del canon, bajo un punto de vista estético, es cerrar aquello que la llamada “escuela del resentimiento” de críticos como Harold Bloom pretenden abrir. Es decir, cerrar con criterios estéticos un canon que se quiere abrir indiscriminadamente con criterios de política social (lo políticamente correcto).

Estamos de acuerdo con los apólogos del canon en que éste sólo se puede abrir con una contemplación original, la individualidad estética, de la contemplación del ser humano en su universalidad. El canon no es un programa de salvación política o moral. De hecho, si se cogiesen los diez libros considerados canónicos (más o menos) en nuestra tradición y se educase a un niño con ellos, probablemente se generaría un ser extremadamente amoral y egoísta (La Celestina, El Quijote, El Lazarillo, El buscón, La Regenta, etc.). El canon existe para salvaguardar lo que Baudelaire llamó “la dignidad estética” del lector. Sobre todo actualmente, cuando los artefactos de la cultura popular están sustituyendo a los artefactos literarios y artísticos como método de enseñanza de valores (incluidos los estéticos).

Los detractores del canon, sin embargo, aducen todo tipo de criterios extraestéticos y (desde nuestro punto de vista) extraliterarios para abolir la figura del canon. Uno de los criterios más repetidos es la secular relegación a segundo plano de las literaturas escritas por “minorías” (un concepto algo extraño, pues si se suman todas estas minorías, surge una aplastante mayoría), por la supremacía histórica del varón blanco. Parece difícil de acepar este criterio, cuándo tenemos ejemplos en todas las tradiciones de escritoras canónicas, como podrían ser Safo en lengua griega; George Sand, Virginia Wolf, Emly Dickinson o las hermanas Brönte en lengua inglesa; o Sor Juana Inés de la Cruz, Rosa Gálvez, Emilia Pardo Bazán o María Zambrano en lengua castellana, por poner solo algunos ejemplos.

Parece, pues, un tanto flojo el fundamento de lo políticamente correcto como base para desvirtuar el canon, pero también, como ya hemos visto, lo es el historicismo de Focault o el materialismo dialéctico marxista de Lúckacs y otras tendencias behavioristas, existencialistas, o biografístas que ponen todo el énfasis en los aspectos extratextuales de la obra para estudiar el hecho literario.

Lo que parece indiscutible, no obstante, es la existencia de un concepto aceptado de canon, bien sea por su reconocimiento, bien sea por su reacción en contra de él. Personalmente, creo en la existencia de un canon fundamentado en criterios puramente estéticos que se basa en la comparación entre obras para integrar unas y desechar otras. Será pues la calidad de las obras, mejores que las demás, las que las haga entrar en el canon universal y serán los valores específicos respecto a algún aspecto literario los que hagan entrar a una obra dentro de un canon académico.

En lo que no se puede estar de acuerdo con Bloom y con otros apólogos del canon es en definir un canon occidental sólo porque nuestra tradición europea arranca de Grecia y Roma. Si realmente son los criterios estéticos los que definen la pertenencia o no de las obras a un canon y estos criterios son mesurables, lo son para todas las obras literarias, independientemente de su procedencia o tradición. Así, el Gengi Monogatari de Murasaki Shikibu (“curiosamente”, una mujer) merece figurar en el canon en un nivel parecido a Shakespeare, Goethe o Cervantes.

 

Energía nuclear: moratoria y absoluta

Pedro Cano

Os dejo el artículo publicado en la Revista digital catalana “La que faltava”, escrito por Pedro Cano. Pedro es escritor, productor, y sobre todo, un buen callejero de este mundo. Se abre el debate…

 

A día de hoy, la central nuclear de Fukushima está produciendo cesio con un nivel de radiación 1,8 veces superior a lo normal.El gobierno japonés ha recomendado… que la población se aleje a 30 Km. de las centrales dañadas. Al mismo tiempo una serie de países han recomendado… que sea a 80 km. por el alto riesgo de radiactividad. Las pruebas de agua marina están dando unos índices 1.250 veces superior a lo habitual.

La realidad es que la catástrofe puede ser de dimensiones incalculables para todo el planeta. ¿Ante eso qué hacer? ¿Qué hacer ante multinacionales como TEPCO una de las mayores productoras de energía y dueña de casi la totalidad de centrales de Japón?

Ante TEPCO se extiende desde hace años la sombra de las sospechas de falsear datos técnicos sobre sus reactores. Además hay motivos fundados para pensar que no inundaron con agua de mar los núcleos dañados por motivos estrictamente económicos aunque aducen que no sabían cómo soportarían el contacto de los mismos con la sal marina… TEPCO posiblemente miente a la sociedad nipona y por extensión a todo el mundo. Los de TEPCO fueron advertidos que sus centrales solo soportarían un terremoto de escala 7 por parte de la A.M.S.N. en el año 2008. Pues bien ¿que hicieron? ¿Ha existido connivencia entre la empresa y el gobierno nipón?

Muchas son las preguntas que buena parte de las voces críticas con la energía nuclear nos hacemos. Aunque una cosa está clara a pesar de que los prohombres de las multinacionales, politicastros, etc., etc., nos hablen de la rentabilidad económica y de su bajo coste: las centrales nucleares atentan directamente contra cualquier sistema de vida y contra el sentido común. Todos estamos obligados a exigir una moratoria total y absoluta de las centrales nucleares así como el desmantelamiento paulatino de las existentes.

La Unión Europea ha acordado hacer pruebas de seguridad a los más de cien reactores repartidos por los países que a componen. Exijamos que este acuerdo no se convierta en un “paripé” para callarnos. Exijamos que los gobiernos de los territorios de la antigua URSS, donde por cierto están instalados los sistemas más obsoletos de seguridad, se comprometan también en la revisión real de sus centrales.

La energía juega un rol fundamental para la vida del planeta. Por lo tanto debemos pedir a los gobiernos internacionales la total garantía de que dicha energía sea renovable y limpia.

La utopía es lo único realizable. ¡Por un planeta habitable! ¡No a la energía nuclear! ¡No a los gases que provocan el efecto invernadero! ¡Envía emails a los gobiernos en contra de las centrales nucleares! ¡Sólo son unos minutos pero podemos inundarles los buzones de correos! El debate ya no es necesario, es imprescindible.

 

http://laquefaltava.com/index.php?option=com_content&task=view&id=254&Itemid=65