Una parada en el camino

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El carro de Bielsa

Este post está dedicado a todos los que se suben al carro de Bielsa, como nueva tendencia cool futbolística de este país, y que no tardarán en bajarse en cuanto los resultados no acompañen en la Catedral. No importa, la idea del Loco permanecerá, y se le recordará por cambiar la idiosincrasia de un equipo hasta ahora admirado por su filosofía pero no tanto por su juego y atrevimiento. Bielsa ya cambió algo. Y ahora sueñan hasta en el Teatro de los sueños… porque el fútbol, como dice Don Marcelo, no son matemáticas. Y yo prefiero un método, una idea, que el despilfarro que dejará Mourinho cuando deje de estar en el Real Madrid.

Bielsa sabía dónde venía. Seguramente le ‘chupaba un huevo’ los intentos del presidente Josu Urrutia para convencerle. A él le convenció la estructura pequeña, hermética, ordenada y talentosa del Athletic. El día que pisó Lezama supongo que sentiría la satisfacción que uno tiene cuando tus sospechas se delatan.

Este post va dedicado también a los que recurren fácilmente a “Bielsa nunca ganó nada”. Bielsa quedó eliminado con Argentina a las primeras de cambio en el Mundial de Corea, cierto. Pero todo lo demás es rotundamente falso. Además, no me vale de nada el éxito en la albiceleste cuando lo más paradójico siempre acaba ocurriendo en esa selección. De todas formas, incluso de aquélla eliminación prematura y decepcionante, Bielsa sacó muchas ganancias. No todo es inmediato, a veces las mejores cosas requieren de un tiempito de cocción para que salgan bien ricas. Claro que ganó, que vayan a preguntar a Rosario… Allí pronto entendió que le iba a ir mejor de entrenador que de futbolista. Unos cuantos partidos en primera le valieron para dirigirse a Jorge Griffa y mostrarle su intención, y así fue. En 1990, con 34 años (siendo el entrenador de primera más joven de Argentina), se hizo cargo de un humilde Newell’s a punto del descenso. Logró hacerle campeón, imponiéndose al todopoderoso River Plate.

Pero repito, como ni para mí ni para él el futbol son matemáticas, lo mejor de aquel equipo era el grupo joven y prometedor que se la empezó a creer a base de disciplina, pese a la media de edad. La línea defensiva estaba formada por Fernando Gamboa (20 años), Mauricio Pochettino (19), Eduardo Berizzo (21) y Darío Franco (21). Después estaban Julio César Saldaña (23), Fabián Garfagnoli (21), Cristian Ruffini (19), entre los más jóvenes. Se trajo también a un joven Batistuta, que él mismo reconoció que Bielsa le enseñó lo que era el fútbol cuando “era algo que no me tomaba en serio”. De hecho, años antes, el técnico argentino se dedicó a recorrer 30.000 kilómetros por el país argento en busca de jóvenes promesas. Puso un gran circulito rojo en el lugar en el que encontró a un tal Gabriel Omar Batistuta.
En el Apertura ’91, el equipo finalizó antepenúltimo y se pensó que el ciclo del “Loco” había acabado. Pero no fue así. En 1992 el equipo resurgió más fuerte que nunca y acabó jugando la final de la Libertadores.

En 1998 salió campeón con Vélez y poco después llegaría por primera vez a nuestro fútbol. El Espanyol no fue un fracaso en la carrera de Bielsa, más que nada porque no tuvo tiempo y porque no le dejaron. Nada más aterrizar en el Espanyol, la ansiada oferta de la Selección de Argentina llegó a Barcelona. En el contrato con la entidad ‘perica’ figuraba que si esa oferta llegaba, Bielsa podría dejar el club, pero no se cumplió. Llegaron a un acuerdo y Bielsa se comprometió a continuar en el Espanyol hasta diciembre. Con más derrotas que victorias, Marcelo puso rumbo a Argentina ya en septiembre. Pero le dio tiempo a hacer algo que pocos recuerdan. Por aquél entonces, el Espanyol debía jugar la Intertoto y Bielsa decidió que fuese el Espanyol B de Paco Flores quien la disputara. Bielsa sabía que era la mejor forma de forjar la que en mi opinión, fue la mejor saga de jugadores que sacó el Espanyol de los últimos 15 años: Capdevila, Sergio González, De Lucas, Tamudo, etc. En aquella etapa también tuvo tiempo a fichar a Martín Posse, y a convertir a Iván Helguera en central. Ahora el Espanyol sorprende gratamente con su juego y resultados de la mano de Mauricio Pochettino, quien fuera jugador y aprendiz de Bielsa. Su vecino y ‘colega’, Pep Guardiola no dudó en viajar a Argentina para compartir un asado de 11 horas con Bielsa. En ese asado se soñó con convertir al FCBarcelona en el mejor equipo del mundo.

Después llegaría su amada selección argentina, que le partió el corazón y definió radicalmente el carácter del actual Marcelo Bielsa. En el 2001 se clasifica para el Mundial de Corea, la gran pesadilla de nuestro protagonista. Criticado hasta la saciedad por a veces considerar a Hernán Crespo y a Batistuta incompatibles en el once, la Argentina de Bielsa cayó eliminada en la primera ronda al empatar contra Suecia. Tuvo una pequeña revancha con el oro en las Olimpiadas de Atenas 2004, pero de poco sirvió. Bielsa cayó entonces en el ostracismo, se aisló durante 3 años en el campo a las afueras de Rosario y poco se supo de él durante su autoexilio. He ahí cuando Marcelo entendió la utilidad del fracaso, mayor que la del éxito. Antes, dejó esta frase:Acepto que soy el responsable, pero no soy un inútil. Le sirvió, como todo: “Los momentos de mi vida en los que yo he crecido tienen que ver con los fracasos; los momentos de mi vida en los que yo he empeorado, tienen que ver con el éxito. El éxito es deformante, relaja, engaña, nos vuelve peor, nos ayuda a enamorarnos excesivamente de nosotros mismos; el fracaso es todo lo contrario, es formativo, nos vuelve sólidos, nos acerca a las convicciones, nos vuelve coherentes. Si bien competimos para ganar, y trabajo de lo que trabajo porque quiero ganar cuanto compito, si no distinguiera qué es lo realmente formativo y qué es secundario, me estaría equivocando.”

Es entonces cuando Chile le rescata, el combinado que por entonces acariciaba los peores lugares del ranking mundial. Tras encerrarse en una pequeña habitación, alejado de su mujer Laura y sus dos hijas, su primer partido oficial como seleccionador chileno fue, por caprichos de la vida, contra Argentina en el Monumental de River. Ganó la albiceleste, un equipo que estaba aún empapado del juego implantado por Bielsa. Ese en el que atacan y defienden los 11. Ese que no espera la contra, en el que todos están en continuo movimiento, obligados a ganar independientemente de quién sea el rival. Me gusta especialmente su idea de ataque, cuando asegura que al fin y al cabo defender se reduce a 5 ó 6 pautas, pero que el fútbol ofensivo es infinito y requiere talento. Eso es lo difícil entonces: atacar. En Chile lo hizo y logró que se volviera a tener en cuenta el fútbol andino. Les clasificó para el Mundial, y durante la clasificación ganó a Argentina en Santiago de Chile, por cierto. Empezó la ‘Bielsamanía’, eso que tanto  incomoda a un tipo tímido, raro, solitario, receloso. A un loco lindo…

Entre otras cosas, consiguió implantar mano dura en una selección que se había visto envuelta en algún que otro escándalo extradeportivo. Convirtió las instalaciones de Juan Pinto Durán en un auténtico búnquer, fruto de la obsesión por la intimidad y a que le espíen. Se disculpó a su manera con la prensa diciendo que era “una lástima para profesiones ajenas pero que protege la propia”. Una conversación privada con Alexis Sánchez durante un entrenamiento que no tardó en salir a la luz, le dio la razón. Sólo se dejó ver cuando el terremoto acechó al país del que se estaba enamorando y apoyó sonadamente a las víctimas. El camino al Mundial fue viento en popa, pero en Sudáfrica perdió con España y luego en octavos con Brasil. ¿Fracaso? No. Bielsa, siempre fiel a sus principios, cumplió con la promesa de no continuar en  el cargo de seleccionador si el español Segovia se convertía en nuevo presidente de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional de Chile (ANFP), en detrimento de Harold Mayne-Nicholls, mentor de Bielsa en la selección chilena (Algo así como si Astiazarán, Miguel Ángel Villar, Sandro Rosell y Roures se fusionaran y fuesen a dirigir la RFEF). Bielsa renunció y aún en Chile le lloran.

Más que demostrado está que nada de lo que hace Bielsa es en balde.  Su carácter obsesivo no le permite dejar ningún cabo suelto. No  es de extrañar que antes de firmar con el Athletic viera y revisara los vídeos de la temporada pasada una y otra vez, y se atrincherara en un hotel para armar una base de datos que sólo un loco puede reunir. Bielsa es consciente además de la importancia del grupo homogéneo, lo vivió en sus propias carnes como jugador, cuando en 1976 formó parte de una selección argentina que obtuvo la medalla de bronce en el Preolímpico con un equipo formado íntegramente por jugadores de Newell’s.

Un entrenador no es mejor por sus resultados ni por su estilo, modelo o identidad. Lo que tiene valor es la hondura del proyecto, los argumentos que lo sostienen, el desarrollo de la idea. No hay que juzgar la idea, sino el sustento”. Con eso me quedo yo y medio Bilbao, el resto supongo que atribuirá esta cita a un empalagoso discurso, un ‘chamullo’ argentino. A un afán por seguir alimentando al personaje de loco, y no digo que no, porque lo está. Por el fútbol, porque como dice él “Piensa en fútbol, habla en fútbol, lee en fútbol…” . Bielsa tiene asumido además que aburre a ‘cualquiera’, sobre todo en las ruedas de prensa, cuando sus respuestas pueden rozar los cinco minutos y los periodistas allí congregados empiezan a despejar la sala antes de tiempo. La relación que mantiene con la prensa forma parte de otro capítulo.
Portada diario argentino Olé tras eliminar al ManchesterCansado y temeroso de que se tergiversen sus palabras y trabuquen su imagen, hace tiempo decidió no conceder entrevistas a ningún periodista: ‘¿Por qué le voy a dar una entrevista a un tipo poderoso y se la voy a negar a un pequeño reportero de provincias? ¿Por qué voy a acudir a una emisora líder cada vez que me llame y en cambio jamás a una pequeña radio del interior? ¿Cuál es el criterio para hacer una cosa así? ¿Mi propio interés? Eso es ventajismo’. Ventajismo también los que ahora alaban a Bielsa y su “método”, la mayoría sin saber cuál es. Y a los que insisten en que no ha ganado nada, por lo menos vean al Athletic jugar. Pocos creían a principio de temporada en que pudiesen ganar la Europa League, así que si lo logran, los de las modas volverán a subirse al carro Bielsa. Hasta en Argentina se andan subiendo y piden perdón…

Para los de la mala memoria, acérquense al estadio rosarino que lleva su nombre. Por allí sigue resonando el cántico “Que de la mano del Loco Bielsa, la vuelta vamos a dar”, con un Bielsa a hombros, inmerso en la locura, agitando la camiseta de los ‘leprosos’, al grito de NEWELL’S CARAJO.

Sí, don Marcelo, el tiempo le va a dar la razón…

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